ENFERMEDAD I
EN LAS FRONTERAS DE LA EXISTENCIA
(Publicado por el Canarias7 el domingo 12 de mayo de 1996)
No existe la enfermedad sin los enfermos, ni el sufrimiento y la muerte carecen de rostros humanos. Esta, que pudiera parecer una afirmación perogrullesca, nos aporta un sentido humanizador: el protagonismo le corresponde sin ninguna duda a la persona, a quien se le puede mirar a los ojos y por sus ojos dejarse mirar. La enfermedad o la muerte nunca son hechos impersonales, es un ser humano, único e irrepetible quien sufre, quien muere. Se puede ir más lejos; no vale con sentir este estremecimiento sólo ante los seres humanos atenazados en las garras del mal, sino ante cualquier ser vivo.
Para que estos acontecimientos pierdan toda su condición de trascendentales, por cuanto son atributos de la condición humana (E. Sábato), basta con darle importancia sólo a los detalles. Resultan entonces acontecimientos repugnantes, temerosos, de los que más vale alejarse. Sintiendo así es como nace lo morboso, tan evidente en actitudes desequilibradas de individuos y en nuestra sociedad. Las preguntas por la enfermedad y la muerte, afirman algunos, no contribuyen a la felicidad, por consiguiente es mejor negarlas, huir de ellas. Emprender esa carrera de represión permite claudicar ante el miedo a costa de imaginarse en manos de una inmortalidad artificial. El rechazo de esta reflexión es un disparate, de igual manera que obsesionarse con ella es un delirio.
En Amsterdam, durante los últimos años, se han dado acontecimientos que me llenan de satisfacción. Algunos pacientes de SIDA, con toda su juventud a las espaldas, al ver cercana la hora de su muerte han tratado de humanizarla, de morir con dignidad. Han preparado la muerte con el mimo que se prepara una fiesta auténtica. Puedo decir que estas personas se han apoderado de la muerte, hasta el extremo de elegir el color de su féretro, amarillo, rosa, violeta, verde ..., de preparar el recorrido fúnebre por los canales de la ciudad, la música que ha de acompañar su cremación. A esto yo lo tengo por pasión y valentía hasta alcanzar los límites, por audacia y coraje en el vivir que es también irse muriendo.
Ponerle nombre a la enfermedad y a la muerte es lo contrario de desterrarla del habla cotidiana, aunque sea con el camuflaje de otras expresiones: 'se ha ido', 'desapareció', 'se fue'... Pero ¿a quién puede importunar la palabra muerte y las preguntas que la acompañan?. ¿La vida es más lúcida para quien no piensa en la muerte?. ¿Qué coplas hicieron inolvidable a JORGE MANRIQUE? ¿No es uno de los temas dominantes de la poesía de BORGES ("Una/oscura maravilla nos acecha/la muerte, ese otro mar...")?. El académico J.L. SAMPEDRO, hace unos meses convaleciente de una grave enfermedad, ¿no ha descubierto que se "asomó a la frontera más decisiva para nuestra personal existencia"?; él que siempre se centró en otro abismo fronterizo, el foso entre ricos y pobres. Las preguntas sobre la enfermedad y la muerte son una tónica en la vida diaria de las escuelas, por la muerte de los abuelos, familiares, el perro o el gato, y exigen respuestas, esto escribe una maestra en Cuadernos de Pedagogía nº 241 (nov.1995) p. 43. Ella misma recuerda que uno de sus pequeños alumnos le espetó:"Ya sé bastantes cosas de los dinosaurios, ahora lo que quiero saber es por qué se muere mi abuelo".
Recuerdo la tarde que un gran amigo llegó a nuestra casa. Como era costumbre venía a comer, luego un rato de sobremesa. Aquel día vino con noticias únicas, le acababan de diagnosticar un cáncer. Silencio, lágrimas, nos agarramos de las manos. En aquel momento hablamos de la vida y de la muerte, del presente y del futuro, de la esperanza. Salió de casa con el libro de la doctora Kübler-Ross, Sobre la muerte (Barcelona 1975), no para que se preparara a morir inmediatamente, -eso ¿quién lo sabe?-, sino para que conociera paso a paso los pensamientos y sentimientos que iba a vivenciar en adelante, en su nuevo presente y futuro. Todavía hoy pienso, ¿podría haber sucedido el encuentro de otro modo?, ¿por qué tuvimos que hablar, además, de la muerte?.
Al enfermo grave o terminal, además de padecer su dolor físico, se le viene a añadir el sufrimiento existencial, la angustia, la congoja, el sentido de vacío: ¿por qué me ocurre esto a mí y no a otro?,¿por qué yo tengo que dejar de existir ahora?, ¿qué puedo esperar?. Se trata de preguntas que nos estremecen a todos, estemos enfermos o sanos, a la vez que nos dejan sin palabras, seamos sabios o ignorantes. Pero, ¿quién escucha los interrogantes profundos del paciente?, ¿quién tiene capacidad y tiempo, de entre los profesionales de la sanidad, para dedicarse a esta atención personal de los enfermos y de sus familias?. Se va haciendo lo que se puede... Mientras haya listas de espera, una atención médica primaria en general desastrosa,... ¿quién va a demandar una reforma urgente en pos de hacer más humana la atención a los enfermos?. Sólo con ver la arquitectura de nuestros hospitales es para sentirse sobrecogidos. Si a esto añadimos que los avances médicos mecanizan al paciente, lo aparatizan, el conseguir una mayor humanización en el entorno hospitalario es una tarea urgente y continuada.
De los enfermos no sólo debemos sino que podemos aprender. Gritan calladamente gritos de humanidad, son profetas que reivindican unas actitudes dadas por perdidas en la actualidad. Lo siento por Fr. Nietzsche, que no alcanzó a entender ni su enfermedad ni a los enfermos (La genealogía de la moral, Crepúsculo de los ídolos, Ecce Homo), pero interesarse por los débiles no es odiar la alegría ni alimentarse de resentimiento y sí tiene bastante de desfiguración de la realidad. Para dureza la de quienes mueren de éxito, de lujo, sin apenas saborear la ternura, la sonrisa, la gratuidad, la confianza, la mirada desinteresada, la infinitud de transparentarse como humanos, la alegría de amarse a sí mismo y darse a los demás.
ENFERMEDAD II
CUANDO NOS LLEGA LA ENFERMEDAD
(Publicado en el Canarias7 el domingo 22 de junio de 1997)
El arte de la comunicación se vuelve más arte que nunca, si por medio nos encontramos con interrogantes tan abismales como la enfermedad, el sufrimiento, el fracaso... En esos momentos únicos, las palabras, aunque se acompañen de buenas intenciones, no nos dicen nada y se nos encoge el pensamiento. Así se manifiesta más impetuoso que nunca el misterio que somos.
No todas las personas reaccionan igual, ni todas las personas sienten de modo parecido, ni todas las personas agradecen las respuestas de costumbre. Ante estas experiencias sólo vale ser únicamente humanos, a un lado y al otro de la circunstancia.
Quien enferma descubre violentamente la verdad; a veces, es un golpe que nos deja desquiciados, como perdidos en un desierto infinito, balbucientes, hundidos bajo un peso universal, de colapso cósmico y fin de la historia. Ante esta experiencia de finitud caben diferencias de peso. Se inicia una sinfonía original entre el paciente y el grupo de quienes le dejan sentir su acogida, yendo por los pasadizos de la compasión.
Una vez más chocamos con esa palabra, escándalo para unos y sublime para otros. ¿Por qué tan cargada de vergüenza?. ¿Qué historias arrastra la compasión tras de sí, para que no le permitan limpiarse de su pecado?. Pensando así, ¿podremos contar con alguna palabra libre de sospechas... si hasta en el nombre de Dios se ha matado?. Si nos falta la compasión, claro que tendremos ciencia y técnica, razones y saberes, religiones, ONG´s, soldados con cascos azules, políticas sociales, hospitales equipados con adelantos sofisticados, escuelas dotadas con medios de vanguardia, comedores para indigentes, profesionales para todo... Con la compasión por montera todo se transforma, todo se vuelve más humano, se piensa en el otro y no precisamente a la sola luz de las razones de uno mismo, cesa la relación de amo y esclavo.
Ante situaciones de sufrimiento extremo, perdonen mi osadía, no entiendo otra respuesta que la que quiero para mí: compasión, sentirme acompañado con el silencio, tal vez la palabra y siempre la presencia bien notada.
La enfermedad nos da un miedo sobrecogedor e innegable. Pensar en ella y en sus consecuencias nos paraliza, nos roba el caudal de las ilusiones y la frescura de la sonrisa. Pero, cuando es verdad, cuando ya no se trata de un pensamiento caprichoso o un mal sueño, cuando la enfermedad nos llega, entonces cambia todo, se nos caen los decorados del teatro íntimo.
Resistir a la enfermedad nos lleva más allá de ansiar la curación. Junto a la enfermedad se dan otras condiciones por mor de los tiempos que corren, por obra y gracia de la consideración que sobre la enfermedad y los enfermos dispensan las sociedades avanzadas. Cuando a alguno de nosotros nos dicen que estamos enfermos, además del calvario biológico y mental, entramos en otro calvario social, derivado del trato de los demás, en la familia, en el lugar de trabajo, en la sociedad,... en el hospital. A la angustia por la pérdida de la salud se le añaden todo tipo de soledades y culpas (tener cáncer o SIDA por no cuidarse). La pregunta por el "quién soy yo" se reponde de otra manera.
No me extraña que en estas condiciones se desempolve la eutanasia como la coartada de la felicidad, como la ruptura del círculo de la incomunicación y la dependencia. Si cada vez nos sentimos más solos ante la enfermedad y sus consecuencias, ante nosotros mismos y los demás, es humano pensar que la salida mejor es quitarte de en medio cuanto antes.
El remedio ante todo este descontrol es gritar en la conciencia los sanos y los pacientes, los compasivos y los indiferentes, los profesionales y los técnicos, los sabios y los superficiales, todos, ¡humanicémonos, seamos cada vez más humanos!. La humanización no es otra cosa que pensar y actuar con los demás, dar cabida en el mundo de uno al otro, estar radiantes de sensibilidad, de respeto, de compasión, de amor, de vida y no de muerte. ¡La humanidad nace de la relación!.
miércoles, 6 de febrero de 2008
MICROENSAYO: ESCUELA Y ASIGNATURA DE RELIGIÓN
LA ASIGNATURA DE RELIGIÓN
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el martes 19-septiembre-1995)
Nos basta con un mínimo de intolerancia, seamos o no creyentes, para convertir la religión en una fuerza maldita, en alimento de odios y guerras; pero nos hacen falta dosis de sabiduría para comprenderla. Al fanatismo religioso le corresponde, en línea con su repugnante intolerancia, el fundamentalismo laicista, bastante menos recordado pero no por ello inexistente.
Con la asignatura de religión el ministerio de Educación y Ciencia se viene comportando desde 1982 con arrogancia, cuando menos de modo intolerante y con el marchamo del más rancio anticlericalismo decimonónico. Mi análisis precisa un contundente razonamiento, al menos, para que como crítico no me acusen de hacer uso de posturas tan intolerantes como las que trato de denunciar.
Una interpretación que haga caso omiso del contexto de lo que investiga resulta caprichosa, sin valor alguno. La asignatura de religión se inscribe dentro de la calamitosa consideración intelectual y académica que el hecho religioso ha tenido y tiene en España: la Universidad pública española carece de facultades de teología u otros estudios reglados desde hace ciento cincuenta años. Como consecuencia de tal desvarío hoy vemos cómo la palabra de un filósofo o historiador se considera objetiva cuando aborda cuestiones religiosas, aun sabiendo que en su carrera el hecho religioso no existe ni por asomo en sus planes de estudio. Del teólogo se pensará lo peor, se sospechará en exceso, no se le dará ningún valor ni estima a sus muchos años de estudio e investigación.
Podíamos concluir que nuestra ignorancia en cultura religiosa es pasmosa. No ha de extrañarnos que el profesorado que imparte las materias de Arte, Filosofía, Música, Historia o Literatura, desde los niveles de enseñanza elemental o la Universidad, dé a conocer bloqueos conceptuales en el alumnado. Sin cultura religiosa el entorpecimiento en el desarrollo cognoscitivo es innegable, a menos que se sea un sectario. Una visita a un museo cualquiera, el estudio de nuestra identidad, la investigación acerca de la sociedad y las personas, sin una mínima y elemental cultura religiosa son tareas imposibles.
El modo hispánico de relacionarse con la religión alguien dijo que era de dos maneras, o delante como en las procesiones, o detrás como en las persecuciones. Sin duda que es una sentencia simplista, pero que revela el carácter extremo que con la religión hemos mantenido los españoles. Basta con citar algunos hechos históricos que van de la convivencia de cristianos, musulmanes y judíos a la persecución, de ser un español el fundador de los jesuitas a expulsarlos y suprimirlos de todo el país, de una Guerra Civil que también fue religiosa, a ser nacionalcatólicos y más tarde una sociedad secularizada, etc ... Nuestra intempestividad latina así como es motivo de orgullo para algunas hazañas, en otras ocasiones nos ha arrastrado hacia lo más deleznable. Por los días de la desamortización de Mendizábal, los salmantinos entraron a saco en el colegio de la Compañía de Jesús y arrasaron con la biblioteca. En el patio interior formaron una pira con los libros, algunos auténticas obras de arte, y no se les ocurrió otra venganza que prenderles fuego.
Aunque nada más sea para que la intolerancia no triunfe nunca jamás, ni de parte del fanatismo religioso, ni de parte del fanatismo laicista, yo seguiré apoyando una asignatura de religión en las escuelas. Conozco la programación que se está impartiendo al alumnado que elige, no sin cierto heroísmo, la asignatura de religión, en ella cabe la cultura, la ética, la historia, la explicación de la experiencia religiosa, y me resulta imposible que tenga cabida el fundamentalismo, el proselitismo o el adoctrinamiento. En nuestra sociedad, por otra parte, el Estado tiene la obligación de no dejar desamparada a la ciudadanía ante el desarme existencial y racional, tan impunemente aprovechado por las sectas y otros manipuladores espirituales o ideológicos.
Hay quien trata de deslegitimar la clase de religión con falsas razones, o lo que es peor, sin conocer absolutamente nada de lo que escribe o habla. Esta impostura mental de confundir sueños propios con realidades, lo mío con lo de todos, es propia de fanáticos, de gentes nada dadas para el diálogo, de pedantes inconfesos. El pasado de esta asignatura no es mejor ni peor que las demás, si tenemos en cuenta el sistema educativo que imperaba, el mismo que recomendaba el tortazo, la memorización, la separación por aulas entre alumnas y alumnos y una visión gloriosa de España. Después de algunas décadas la asignatura de religión resulta desconocida, se puede afirmar sin ningún tipo de duda que no se parece para nada a la que conocimos y soportamos. Hoy es una asignatura opcional, con su correspondiente programación a la vista de quien lo demande, con un profesorado, en Canarias, joven y cualificado.
Me falta mirar más allá de nuestras fronteras, a los países que forman la Unión Europea. En ninguno falta la asignatura de religión, eso sí, en mejores condiciones para el alumnado y para el profesorado que entre nosotros. ¿Será cuestión de intolerancia laicista, de anticlericalismo trasnochado, las medidas que viene tomando el ministerio de Educación para con esta asignatura? ¿De qué otra manera se puede comprender la equivalencia de una asignatura con el juego del parchís?.
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el martes 19-septiembre-1995)
Nos basta con un mínimo de intolerancia, seamos o no creyentes, para convertir la religión en una fuerza maldita, en alimento de odios y guerras; pero nos hacen falta dosis de sabiduría para comprenderla. Al fanatismo religioso le corresponde, en línea con su repugnante intolerancia, el fundamentalismo laicista, bastante menos recordado pero no por ello inexistente.
Con la asignatura de religión el ministerio de Educación y Ciencia se viene comportando desde 1982 con arrogancia, cuando menos de modo intolerante y con el marchamo del más rancio anticlericalismo decimonónico. Mi análisis precisa un contundente razonamiento, al menos, para que como crítico no me acusen de hacer uso de posturas tan intolerantes como las que trato de denunciar.
Una interpretación que haga caso omiso del contexto de lo que investiga resulta caprichosa, sin valor alguno. La asignatura de religión se inscribe dentro de la calamitosa consideración intelectual y académica que el hecho religioso ha tenido y tiene en España: la Universidad pública española carece de facultades de teología u otros estudios reglados desde hace ciento cincuenta años. Como consecuencia de tal desvarío hoy vemos cómo la palabra de un filósofo o historiador se considera objetiva cuando aborda cuestiones religiosas, aun sabiendo que en su carrera el hecho religioso no existe ni por asomo en sus planes de estudio. Del teólogo se pensará lo peor, se sospechará en exceso, no se le dará ningún valor ni estima a sus muchos años de estudio e investigación.
Podíamos concluir que nuestra ignorancia en cultura religiosa es pasmosa. No ha de extrañarnos que el profesorado que imparte las materias de Arte, Filosofía, Música, Historia o Literatura, desde los niveles de enseñanza elemental o la Universidad, dé a conocer bloqueos conceptuales en el alumnado. Sin cultura religiosa el entorpecimiento en el desarrollo cognoscitivo es innegable, a menos que se sea un sectario. Una visita a un museo cualquiera, el estudio de nuestra identidad, la investigación acerca de la sociedad y las personas, sin una mínima y elemental cultura religiosa son tareas imposibles.
El modo hispánico de relacionarse con la religión alguien dijo que era de dos maneras, o delante como en las procesiones, o detrás como en las persecuciones. Sin duda que es una sentencia simplista, pero que revela el carácter extremo que con la religión hemos mantenido los españoles. Basta con citar algunos hechos históricos que van de la convivencia de cristianos, musulmanes y judíos a la persecución, de ser un español el fundador de los jesuitas a expulsarlos y suprimirlos de todo el país, de una Guerra Civil que también fue religiosa, a ser nacionalcatólicos y más tarde una sociedad secularizada, etc ... Nuestra intempestividad latina así como es motivo de orgullo para algunas hazañas, en otras ocasiones nos ha arrastrado hacia lo más deleznable. Por los días de la desamortización de Mendizábal, los salmantinos entraron a saco en el colegio de la Compañía de Jesús y arrasaron con la biblioteca. En el patio interior formaron una pira con los libros, algunos auténticas obras de arte, y no se les ocurrió otra venganza que prenderles fuego.
Aunque nada más sea para que la intolerancia no triunfe nunca jamás, ni de parte del fanatismo religioso, ni de parte del fanatismo laicista, yo seguiré apoyando una asignatura de religión en las escuelas. Conozco la programación que se está impartiendo al alumnado que elige, no sin cierto heroísmo, la asignatura de religión, en ella cabe la cultura, la ética, la historia, la explicación de la experiencia religiosa, y me resulta imposible que tenga cabida el fundamentalismo, el proselitismo o el adoctrinamiento. En nuestra sociedad, por otra parte, el Estado tiene la obligación de no dejar desamparada a la ciudadanía ante el desarme existencial y racional, tan impunemente aprovechado por las sectas y otros manipuladores espirituales o ideológicos.
Hay quien trata de deslegitimar la clase de religión con falsas razones, o lo que es peor, sin conocer absolutamente nada de lo que escribe o habla. Esta impostura mental de confundir sueños propios con realidades, lo mío con lo de todos, es propia de fanáticos, de gentes nada dadas para el diálogo, de pedantes inconfesos. El pasado de esta asignatura no es mejor ni peor que las demás, si tenemos en cuenta el sistema educativo que imperaba, el mismo que recomendaba el tortazo, la memorización, la separación por aulas entre alumnas y alumnos y una visión gloriosa de España. Después de algunas décadas la asignatura de religión resulta desconocida, se puede afirmar sin ningún tipo de duda que no se parece para nada a la que conocimos y soportamos. Hoy es una asignatura opcional, con su correspondiente programación a la vista de quien lo demande, con un profesorado, en Canarias, joven y cualificado.
Me falta mirar más allá de nuestras fronteras, a los países que forman la Unión Europea. En ninguno falta la asignatura de religión, eso sí, en mejores condiciones para el alumnado y para el profesorado que entre nosotros. ¿Será cuestión de intolerancia laicista, de anticlericalismo trasnochado, las medidas que viene tomando el ministerio de Educación para con esta asignatura? ¿De qué otra manera se puede comprender la equivalencia de una asignatura con el juego del parchís?.
MICROENSAYO: ESCUELA. UNA CLASE CON CANCIONES
EL CLUB DEL POETA MUERTO
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el domingo 8 de febrero 1998)
La actividad era lo más sencilla que se pudiera imaginar, para introducirnos en el estudio de un tema complejo donde los haya, "El sentido de la vida". Como profesor me siento afortunado al poder plantear abiertamente estos derroteros a un alumnado camino de desprenderse de la adolescencia y entrar en la juventud. A ellos les debo una parte importante de mi ser/estar-en-el-mundo, o lo que es lo mismo, conocer la "movida" actual, en qué demonios piensan las generaciones más tiernas, qué les preocupa, cuáles son sus intereses, qué objetivos tienen, a qué sentidos de la vida se enganchan, qué es la pos(t)modernidad, ...
En la clase del día siguiente se expuso una primera selección de canciones relacionadas con el tema general. Pronto surgió el problema de los límites, ¿es que todo tiene que ver con el sentido de la vida?. Como en estas cuestiones no existe peligro de desbordamiento, ni de sobredosis, le sugerí que como la vida-da-que-pensar, podíamos aceptar propio del tema todo aquello que preocupa profundamente al ser humano.
Droga, SIDA, el amor, la vida, racismo, inmigrantes, la guerra, la libertad, la pobreza ... a la vez que las canciones se deslizó, por ventura, un poema de Ungaretti. ¡Ay!, ahora me doy cuenta, se me había olvidado indicarles para su actividad de rastreadores del ´sentido de la vida´ la visita obligada a los poetas. La poesía la había desestimado como pozo de sabiduría para esta generación novísima, fruta pasada de las peores secuelas de la posmodernidad. Deduje, equivocadamente, que su canon estético se hallaría plegado a la imitación filial de sus progenitores; sí, que los poetas dejaron hace mucho de estar vivos y hoy son un club de muertos.
¿Qué más quisiera yo, que lo que he visto con mis ojos asaltara todas las aulas del mundo?. ¡Babel y Pentecostés a un mismo tiempo!.
-"¿Cómo se titula la letra de la canción que nos vas a leer?", pregunté a una alumna situada al fondo.
-"No; yo lo que hice fue escoger de varias canciones la parte que más tiene que ver con el tema que usted nos ha propuesto".
-"Bien, bien, no hay ningún problema", le respondí.
La alumna comenzó a leer a media voz. En el aula reinaba el recurso espontáneo de charlar con quien se sienta al lado. Hago una llamada al orden, con enfado, e invoco el sagrado respeto a escuchar a la persona que ha tomado el uso de la palabra. Se hace un silencio de circunstancias. La alumna, a una indicación que le hago, vuelve a iniciar la lectura de los textos desde el principio.
-"La gente es extraña cuando eres un desconocido,/ las caras te amenazan cuando estás solo,/ las mujeres parecen malvadas cuando no te desean,/ las calles son siniestras cuando estás deprimido...cuando eres un desconocido,/ nadie recuerda tu nombre" (de ´People are strange´).
"Violento instante / y el primer animal es arrojado por la borda, / agitando violentamente sus patas / rígido su fresco galope, / y las cabezas se levantan / equilibrio / frágil / silencio / consentimiento / en muda agonía nasal / cuidadosamente purificados / completamente aislados " ( de ´Horse latitudes´).
"Sueles pararte a susurrar en la orilla del sábado, / que todo el mundo es un salvador, / ¿Quién podría nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, / pedir más?" (de ´Shaman´s Blues´).
Finalizó su lectura e intervine para preguntarle: -"¿Quién canta esas letras?". El silencio se hizo en la clase. Acababa de salir a la palestra el nombre mítico de Jim Morrison y The Doors. Oí, sobrevolando el murmullo, que eran "canciones nihilistas". De pronto levantó la mano un alumno. Quería leer más letras de Jim Morrison y The Doors. Apareció en las manos con un libro que parecía ser todo un sacramento: ajado, las pastas sueltas, la figura de la portada con el rostro bordeado a cuchilladas, varias páginas despegadas, manoseado, con la huella de restregar el dedo pulgar por el mismo sitio del canto, subrayado, usado y abusado, muy leído ...
"Esto es el fin, hermoso amigo, / esto es el fin, mi único amigo,/ el fin de nuestros elaborados planes, /el fin de todo lo que se mantiene, / el fin./ Ni salvación ni sorpresa, / el fin, / nunca volveré a mirarte a los ojos" ( de ´The End´).
La rueda parecía haber comenzado a rodar. El libro pasó de mano en mano hasta otro alumno dispuesto a leer su, digámoslo, texto sagrado: "La raza humana se extinguía,/ ya nadie gritaba y chillaba. /Gente caminando por la luna, / la contaminación os alcanzará pronto.
Todo el mundo esperaba, /colgándose y agarrándose, /sujetándose y sosteniéndose firme, / confiando en que nuestro pequeño mundo resista.
Por ahí viene Míster Goodtrips, / buscando un nuevo barco.
Venga amigos, será mejor que subáis a bordo,/ venga chica, ahora nos vamos a casa.../ Barco de locos, /barco de locos..." ( de ´Ship of fools´).
Me estremecí más por lo que presenciaba que por el contenido de los textos. Estos quedaban para analizar en otra ocasión. Afortunadamente veía volar un libro en el aula, acariciarlo con ternura juvenil, no como un objeto extraño, pelma, desconocido,... obligado. El mismo ritual: le recomponían las páginas, lo cuadraban, y como pateando por un terreno frecuentado, rastreaban por las páginas hasta dar con los ojos en el texto preferido.
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el domingo 8 de febrero 1998)
La actividad era lo más sencilla que se pudiera imaginar, para introducirnos en el estudio de un tema complejo donde los haya, "El sentido de la vida". Como profesor me siento afortunado al poder plantear abiertamente estos derroteros a un alumnado camino de desprenderse de la adolescencia y entrar en la juventud. A ellos les debo una parte importante de mi ser/estar-en-el-mundo, o lo que es lo mismo, conocer la "movida" actual, en qué demonios piensan las generaciones más tiernas, qué les preocupa, cuáles son sus intereses, qué objetivos tienen, a qué sentidos de la vida se enganchan, qué es la pos(t)modernidad, ...
En la clase del día siguiente se expuso una primera selección de canciones relacionadas con el tema general. Pronto surgió el problema de los límites, ¿es que todo tiene que ver con el sentido de la vida?. Como en estas cuestiones no existe peligro de desbordamiento, ni de sobredosis, le sugerí que como la vida-da-que-pensar, podíamos aceptar propio del tema todo aquello que preocupa profundamente al ser humano.
Droga, SIDA, el amor, la vida, racismo, inmigrantes, la guerra, la libertad, la pobreza ... a la vez que las canciones se deslizó, por ventura, un poema de Ungaretti. ¡Ay!, ahora me doy cuenta, se me había olvidado indicarles para su actividad de rastreadores del ´sentido de la vida´ la visita obligada a los poetas. La poesía la había desestimado como pozo de sabiduría para esta generación novísima, fruta pasada de las peores secuelas de la posmodernidad. Deduje, equivocadamente, que su canon estético se hallaría plegado a la imitación filial de sus progenitores; sí, que los poetas dejaron hace mucho de estar vivos y hoy son un club de muertos.
¿Qué más quisiera yo, que lo que he visto con mis ojos asaltara todas las aulas del mundo?. ¡Babel y Pentecostés a un mismo tiempo!.
-"¿Cómo se titula la letra de la canción que nos vas a leer?", pregunté a una alumna situada al fondo.
-"No; yo lo que hice fue escoger de varias canciones la parte que más tiene que ver con el tema que usted nos ha propuesto".
-"Bien, bien, no hay ningún problema", le respondí.
La alumna comenzó a leer a media voz. En el aula reinaba el recurso espontáneo de charlar con quien se sienta al lado. Hago una llamada al orden, con enfado, e invoco el sagrado respeto a escuchar a la persona que ha tomado el uso de la palabra. Se hace un silencio de circunstancias. La alumna, a una indicación que le hago, vuelve a iniciar la lectura de los textos desde el principio.
-"La gente es extraña cuando eres un desconocido,/ las caras te amenazan cuando estás solo,/ las mujeres parecen malvadas cuando no te desean,/ las calles son siniestras cuando estás deprimido...cuando eres un desconocido,/ nadie recuerda tu nombre" (de ´People are strange´).
"Violento instante / y el primer animal es arrojado por la borda, / agitando violentamente sus patas / rígido su fresco galope, / y las cabezas se levantan / equilibrio / frágil / silencio / consentimiento / en muda agonía nasal / cuidadosamente purificados / completamente aislados " ( de ´Horse latitudes´).
"Sueles pararte a susurrar en la orilla del sábado, / que todo el mundo es un salvador, / ¿Quién podría nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, nunca, / pedir más?" (de ´Shaman´s Blues´).
Finalizó su lectura e intervine para preguntarle: -"¿Quién canta esas letras?". El silencio se hizo en la clase. Acababa de salir a la palestra el nombre mítico de Jim Morrison y The Doors. Oí, sobrevolando el murmullo, que eran "canciones nihilistas". De pronto levantó la mano un alumno. Quería leer más letras de Jim Morrison y The Doors. Apareció en las manos con un libro que parecía ser todo un sacramento: ajado, las pastas sueltas, la figura de la portada con el rostro bordeado a cuchilladas, varias páginas despegadas, manoseado, con la huella de restregar el dedo pulgar por el mismo sitio del canto, subrayado, usado y abusado, muy leído ...
"Esto es el fin, hermoso amigo, / esto es el fin, mi único amigo,/ el fin de nuestros elaborados planes, /el fin de todo lo que se mantiene, / el fin./ Ni salvación ni sorpresa, / el fin, / nunca volveré a mirarte a los ojos" ( de ´The End´).
La rueda parecía haber comenzado a rodar. El libro pasó de mano en mano hasta otro alumno dispuesto a leer su, digámoslo, texto sagrado: "La raza humana se extinguía,/ ya nadie gritaba y chillaba. /Gente caminando por la luna, / la contaminación os alcanzará pronto.
Todo el mundo esperaba, /colgándose y agarrándose, /sujetándose y sosteniéndose firme, / confiando en que nuestro pequeño mundo resista.
Por ahí viene Míster Goodtrips, / buscando un nuevo barco.
Venga amigos, será mejor que subáis a bordo,/ venga chica, ahora nos vamos a casa.../ Barco de locos, /barco de locos..." ( de ´Ship of fools´).
Me estremecí más por lo que presenciaba que por el contenido de los textos. Estos quedaban para analizar en otra ocasión. Afortunadamente veía volar un libro en el aula, acariciarlo con ternura juvenil, no como un objeto extraño, pelma, desconocido,... obligado. El mismo ritual: le recomponían las páginas, lo cuadraban, y como pateando por un terreno frecuentado, rastreaban por las páginas hasta dar con los ojos en el texto preferido.
MICROENSAYO: EDUCACIÓN SEXUAL
LA EDUCACIÓN SEXUAL SILENCIADA
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el 5 de octubre de 1994)
En esto de la sexualidad se está imponiendo la voz de unos especialistas que no dudaría en llamar mecánicos. No sería preciso hablar de educación sexual sino de la mecánica del joder. Los franceses aportaron a esto de la cultura sexual la expresión "faire l´amour", que si bien se ha internacionalizado, lo que se dice del amor es un añadido molesto y sin importancia. Una relación que no pasa por sus mejores momentos.
Hace unos meses le presté un libro sobre sexualidad a unos amigos que forman pareja. Habitual en mí, les recordé que no quería perder el libro y que se lo pediría pasado un tiempo. No hizo falta, lo leyeron yo diría con devoción, porque al poco tiempo me lo devuelven y me dicen: "esto sí que es pornografía". El libro en cuestión no tiene fotografías, no es una narración erótica, sencillamente trata del lenguaje de las caricias.
Espero que ahora comprendan en su medida por qué tengo a muchos, que se autodenominan sexólogos, por especialistas en la mecánica de la jodienda. Una formación organicista y fisiológica, por ejemplo en los médicos, o una apuesta ideológica, condicionan deficitariamente la comprensión de la sexualidad humana.
Recuerdo, que hace un año, en un programa televisivo de máxima audiencia, a una sexóloga y ginecóloga que pontificaba desde la mesa de los expertos, le preguntaron si en su carrera de medicina había una asignatura sobre la sexualidad; ella respondió que no. Supongo que se bastaba con los conocimientos sobre anatomía y con un poquito de buena voluntad además de algún cursillo o un master bien pagado.
Si la sexualidad se reduce a anatomía, entonces, ¡viva el sexo frío! Con unos condones, y una mentalidad cegada de coitocentrismo o pene-a-tración, se anulan los sentimientos, se evitan los embarazos no deseados y las enfermedades de transmisión sexual, y todo el monte es orégano.
Al sexólogo capacitado, lo primero que le presumo es su riqueza o madurez como persona y en segundo lugar su comprensión y vivencia de la sexualidad, en el tercero y último sus técnicas y sus saberes de especialista. De ninguno de los tres apoyos se puede prescindir si soñamos con una sexualidad que englobe al conjunto de la vida.
A esto nadie, en su sano juicio, lo tendrá por obsesión, porque si la sexualidad no está en cada persona permanentemente, es que la soporta como un paraguas, exclusivamente cuando siente necesidad. Así la sexualidad se convierte en perversión, en cuarto oscuro, en una necesidad y no en la realización gozoso-placentera como diálogo o lenguaje de amor. Un ejemplo del cretinismo sexual que se puede alcanzar lo tenemos tanto en la moral de corte victoriana, tentación que puede rebrotar en nuestros días, como en la permisividad donjuanesca.
De la historia de la educación sexual en los cuarenta años últimos, podrían destacarse cuatro períodos. El primero se corresponde con la búsqueda de métodos de control para la planificación familiar; le sigue la época de los anticonceptivos y de la liberación sexual, que distingue entre placer y procreación; a continuación la etapa de la educación sexual anatómica, o el cómo de las relaciones sexuales; por último se está dando entrada a la educación sexual para la relación afectiva, al tan denostado matrimonio entre el amor y el sexo (Cf., T. ANATRELLA, Le sexe oublié, París 1990).
La educación sexual silenciada es otra manera de poner al descubierto la confusión manifiesta en la mayoría de materiales sobre educación sexual. No es algo distinto del equívoco en el que se sitúan muchos educadores y expertos sexuales, cuando prescinden absolutamente de la educación para la afectividad, al tiempo que centran, no sin exageración, todos sus esfuerzos en una agobiante información sexual.
La anatomía, la reproducción humana, los métodos anticonceptivos, las enfermedades de transmisión sexual (ETS), nadie duda que son contenidos imprescindibles. Pero si la sexualidad, negada como lenguaje, no es nada más que eso en la explicación que se imparta en las escuelas, entonces, no tengo reparos en afirmar, que las aulas serán salas asépticas de castracción de la afectividad.
Si la sexualidad es un discurso de los adultos, ya hace mucho tiempo que los jóvenes se sienten hartos. A pesar de toda la liberación sexual los padres siguen controlando la sexualidad de los hijos, como se palpa en el temor al embarazo, a las enfermedades de transmisión sexual, al libertinaje. En esta onda la sexualidad equivale a miedo y no a responsabilidad.
Entiendo, y me alegra soñar, que como una bocanada de aire fresco, los jóvenes reivindiquen una sexualidad plenificante, del ser frente al tener, como lenguaje afectivo que integra toda la vida, como un respiro de sensibilidad por cada poro de la piel. Será una utopía esperar que la educación sexual, si se comprende como relación para la afectividad, transforme el mundo, pero a mí me parece que tiene un futuro porque toma en serio el amar y el sentirse amado. Esa es la sexualidad humana plenificante, porque ayuda a hacerse como personas.
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el 5 de octubre de 1994)
En esto de la sexualidad se está imponiendo la voz de unos especialistas que no dudaría en llamar mecánicos. No sería preciso hablar de educación sexual sino de la mecánica del joder. Los franceses aportaron a esto de la cultura sexual la expresión "faire l´amour", que si bien se ha internacionalizado, lo que se dice del amor es un añadido molesto y sin importancia. Una relación que no pasa por sus mejores momentos.
Hace unos meses le presté un libro sobre sexualidad a unos amigos que forman pareja. Habitual en mí, les recordé que no quería perder el libro y que se lo pediría pasado un tiempo. No hizo falta, lo leyeron yo diría con devoción, porque al poco tiempo me lo devuelven y me dicen: "esto sí que es pornografía". El libro en cuestión no tiene fotografías, no es una narración erótica, sencillamente trata del lenguaje de las caricias.
Espero que ahora comprendan en su medida por qué tengo a muchos, que se autodenominan sexólogos, por especialistas en la mecánica de la jodienda. Una formación organicista y fisiológica, por ejemplo en los médicos, o una apuesta ideológica, condicionan deficitariamente la comprensión de la sexualidad humana.
Recuerdo, que hace un año, en un programa televisivo de máxima audiencia, a una sexóloga y ginecóloga que pontificaba desde la mesa de los expertos, le preguntaron si en su carrera de medicina había una asignatura sobre la sexualidad; ella respondió que no. Supongo que se bastaba con los conocimientos sobre anatomía y con un poquito de buena voluntad además de algún cursillo o un master bien pagado.
Si la sexualidad se reduce a anatomía, entonces, ¡viva el sexo frío! Con unos condones, y una mentalidad cegada de coitocentrismo o pene-a-tración, se anulan los sentimientos, se evitan los embarazos no deseados y las enfermedades de transmisión sexual, y todo el monte es orégano.
Al sexólogo capacitado, lo primero que le presumo es su riqueza o madurez como persona y en segundo lugar su comprensión y vivencia de la sexualidad, en el tercero y último sus técnicas y sus saberes de especialista. De ninguno de los tres apoyos se puede prescindir si soñamos con una sexualidad que englobe al conjunto de la vida.
A esto nadie, en su sano juicio, lo tendrá por obsesión, porque si la sexualidad no está en cada persona permanentemente, es que la soporta como un paraguas, exclusivamente cuando siente necesidad. Así la sexualidad se convierte en perversión, en cuarto oscuro, en una necesidad y no en la realización gozoso-placentera como diálogo o lenguaje de amor. Un ejemplo del cretinismo sexual que se puede alcanzar lo tenemos tanto en la moral de corte victoriana, tentación que puede rebrotar en nuestros días, como en la permisividad donjuanesca.
De la historia de la educación sexual en los cuarenta años últimos, podrían destacarse cuatro períodos. El primero se corresponde con la búsqueda de métodos de control para la planificación familiar; le sigue la época de los anticonceptivos y de la liberación sexual, que distingue entre placer y procreación; a continuación la etapa de la educación sexual anatómica, o el cómo de las relaciones sexuales; por último se está dando entrada a la educación sexual para la relación afectiva, al tan denostado matrimonio entre el amor y el sexo (Cf., T. ANATRELLA, Le sexe oublié, París 1990).
La educación sexual silenciada es otra manera de poner al descubierto la confusión manifiesta en la mayoría de materiales sobre educación sexual. No es algo distinto del equívoco en el que se sitúan muchos educadores y expertos sexuales, cuando prescinden absolutamente de la educación para la afectividad, al tiempo que centran, no sin exageración, todos sus esfuerzos en una agobiante información sexual.
La anatomía, la reproducción humana, los métodos anticonceptivos, las enfermedades de transmisión sexual (ETS), nadie duda que son contenidos imprescindibles. Pero si la sexualidad, negada como lenguaje, no es nada más que eso en la explicación que se imparta en las escuelas, entonces, no tengo reparos en afirmar, que las aulas serán salas asépticas de castracción de la afectividad.
Si la sexualidad es un discurso de los adultos, ya hace mucho tiempo que los jóvenes se sienten hartos. A pesar de toda la liberación sexual los padres siguen controlando la sexualidad de los hijos, como se palpa en el temor al embarazo, a las enfermedades de transmisión sexual, al libertinaje. En esta onda la sexualidad equivale a miedo y no a responsabilidad.
Entiendo, y me alegra soñar, que como una bocanada de aire fresco, los jóvenes reivindiquen una sexualidad plenificante, del ser frente al tener, como lenguaje afectivo que integra toda la vida, como un respiro de sensibilidad por cada poro de la piel. Será una utopía esperar que la educación sexual, si se comprende como relación para la afectividad, transforme el mundo, pero a mí me parece que tiene un futuro porque toma en serio el amar y el sentirse amado. Esa es la sexualidad humana plenificante, porque ayuda a hacerse como personas.
MICROENSAYO: DROGAS
DROGAS I
POR UNA ALTERNATIVA RESPONSABLE ANTE LAS DROGAS (I)
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el domingo 22 de enero de 1995)
El recurso a las drogas en el mundo antiguo se inscribe, según las diversas culturas, como una ayuda o servicio posibilitante para situarse en la existencia, como el ritual que propicia el viaje hasta los confines del Tiempo original. El illud tempus del Paraíso. La búsqueda del retorno a los días en que los dioses paseaban por la Tierra, y los seres humanos gozaban de la inmortalidad. Eran los tiempos míticos de la felicidad permanente.
Los nenúfares (flor de agua) en el Norte de África y entre los mayas, entre estos también el ololiuhqui (Ipomoea violacea) que contiene alcaloides del tipo LSD, la bufotenina obtenida al presionar las glándulas epidérmicas de los sapos, con la cual los indios amazónicos consiguen alucinaciones en un estado de gran excitación, y la bebida sagrada del balché. Para algunos chamanes sudamericanos el uso de alucinógenos como el nishi, extracto de la liana Banisteriopsis caapi, el yagé o el tabaco, son los agentes que impulsan su alma para recuperar almas errantes.
Otros alucinógenos como la marihuana, el agárico mosca (Amanita muscarita), el parásito que crece en la cebada (Claviceps purpurea), eran conocidos por los escitas y otras tribus indoeuropeas para la práctica del éxtasis. Herodoto, en el siglo V a. de C., informa de la costumbre entre los escitas de reunirse en una tienda y aspirar el humo de las semillas del cáñamo (Cannabis sativa) tostadas; este uso quedó demostrado por el descubrimiento de unas semillas tostadas en una tumba altaica oriental del siglo II a. de C.
En la India védica, los sacerdotes bebían tres veces al día el jugo de una planta de las montañas llamada soma, hoy desaparecida. Con toda posibilidad, la misma droga (haoma) que bebían los guerreros del Irán prezoroástrico, con la que alcanzaban un sobresaltado estado de furia asesina. Todo parece indicar que el beleño negro (Hyoscyamus niger) fue el sustituto del soma.
No cabe duda de que este modo de entender las drogas no tiene relación alguna con los usos actuales. El modo moderno de las drogas comienza, o la vinculación entre la creación y la ebriedad, se afianza, a mi modo de ver, con el siglo XIX en el seno de determinados ambientes artísticos e intelectuales. La obra Confesiones de un Opiómano (1821) de Th. de Quincey, influye sobre poetas y escritores franceses. Entre ellos cabe nombrar a Ch. Baudelaire, con su ensayo Los paraísos artificiales, así como al Club des Haschischiens, del cual formaba parte, junto a su fundador T. Gautier, con Delacroix, Verlaine, Rimbaud, Dumas, Hugo y Balzac. El hachis y el opio, según Baudelaire constituyen una fuente de excitación positiva para la fantasía de los artistas.
En el mundo del arte y sobre todo para los movimientos vanguardistas, la experimentación o superación de lo ya conocido se había convertido en norma. El uso de las drogas daba alucinaciones que permitían sensaciones nuevas, colores, sonidos, submundos para ser narrados, pintados o poetizados. A fuerza del láudano, según dejan ver las cuentas de farmacia, seguro que crearon algunas de sus obras Goethe, Novalis, Coleridge, Byron, Wordsworth, Keats, Goya o W. Scott. En Las variedades de la experiencia religiosa (p. 291), cuenta W. James sus experiencias de intoxicación con óxido nitroso, con el fin de escribir un informe sobre el estado de consciencia; en la misma obra alude al uso de cloroformo para obtener experiencias místicas. De J. P. Sartre sabemos, por su propia palabra, que durante veinte años abusó de los estimulantes, en concreto del Corydrane; ¿para escribir sobre la libertad?
El descubrimiento de la morfina (1806), la cocaína (1860) y la heroína (1883), propiciaron la comercialización a gran escala. En su mayoría los consumidores, que mantenían una discreta reserva sobre su costumbre, pertenecían a la clase media. Al tiempo de poderlas comprar con toda libertad le sucede, a principios del siglo XX, el tiempo de la prohibición, por cierto muy vinculado a los movimientos puritanos de los EE.UU.
El recorrido por la historia y las culturas no nos aporta las soluciones. Por el conocimiento histórico podemos distinguir los falsos planteamientos propensos a la demagogia, o las autojustificaciones retóricas y narcisistas. En las drogas como en el sexo, la percepción se ve trastocada, sobre todo, cuando existe desajuste entre lo que se esperado y lo que se llegó a experimentar.
La distancia que media entre el uso de las drogas en las culturas antiguas y las actuales, me parece tan lejana como la que pudiera establecerse entre el mundo y la nada, entre el cielo y el infierno, entre la libertad y la esclavitud. No obstante, si nos acercamos a las sabidurías mítico-rituales que acompañaban el uso de los alucinógenos en las culturas antiguas, su para qué propio, quizá podamos penetrar en los motivos que arrastran hoy a tantas gentes hacia las drogas. El ansiado refugio, la protesta inconformista, el abandono de todas las ganas de vivir, o la incertidumbre de la insegura puesta en escena de la vida, experiencias todas ellas de lo difícil que es vivir conscientes de la finitud, de lo incierta y compleja que es la existencia.
Ante los estragos humanos y sociales ocasionados por las drogas no se puede ahorrar en palabras, en ideas y en compromisos. Buscar la solución interpela a toda la sociedad, a los drogodependientes, a las madres y padres que luchan contra tal infierno, a los terapeutas, jueces, cuerpos de seguridad, funcionarios de prisiones, personal sanitario, intelectuales, profesorado... Por lo tanto es un debate abierto, con muchas verdades y con más de una solución.
DROGAS II
POR UNA ALTERNATIVA RESPONSABLE ANTE LAS DROGAS (y II)
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el 25 de enero de 1995)
La alternativa legalizadora acumula cada vez más defensores. La represión cuenta con destacados detractores y con el rechazo contundente a la vista de los resultados. La prevención me temo que es la gran ignorada, por lo que escucho en los debates espontáneos de café, entre colegas o en las aulas. Quiero escuchar antes de nada a drogodependientes y terapeutas; creo que su palabra debe ser la primera en esta búsqueda. A los demás nos es difícil la neutralidad, bajo capa de inciertos intereses.
Me hace dudar la solución legalizadora, porque del mismo modo que la represión, no toma en cuenta las causas o problemas de la droga, ni le importa la persona del toxicómano. En mi opinión, legalizar sin más supone la abdicación absoluta, la derrota de toda la sociedad que no sabe que hacer ante este problema.
Quienes trabajan en proyectos de desintoxicación repiten que la droga es síntoma de una situación personal carencial. Por tanto, apelar a que las drogas han formado parte de las culturas desde siempre, no tiene sentido, al menos para las sociedades actuales. En los pueblos antiguos el consumo de raíces, hongos, cortezas de árboles, hierbas o secreciones animales, se enmarcaba dentro de su manera de explicarse el mundo, como un medio en manos de iniciados, sacerdotes, chamanes, hechiceros, curanderos o brujos.
Los drogodependencia constatable en nuestras sociedades carece de acompañamiento social, es decir, le falta cualquier atisbo de iniciación con significado propio en la explicación de la realidad o de la vida. Quiero decir con esto que, el saber tecnocientífico ha suplido la incertidumbre, las carencias explicativas de nuestros antepasados primitivos. La génesis y formación de la lluvia, la curación de la lepra o el mal de ojo, por ejemplo, no se encuentran en las alucinaciones sino en la formación, en los libros, en las escuelas. Esto no obsta para que no apreciemos y rescatemos valiosos saberes primitivos.
Traer a colación la libertad, más bien parece una pedrada lanzada desde el anonimato. Entre el querer y la necesidad, en este tema, no puede medirse la distancia. La drogodependencia no es exclusiva responsabilidad del toxicodependiente, sino que es alimentada por el estilo de vida de la sociedad. Las personas hemos entrado en los mismos mecanismos de las bolsas de valores, en el tanto vales cuanto produces. Afirma A. Escohotado, reconocido conocedor de la historia de las drogas, que al comienzo de la civilización industrial los ojos se volvieron con entusiasmo hacia las drogas porque influían sobre el ánimo, abatido por las tensiones y ferocidad laboral, económica y existencial en nombre del Progreso. Fue entonces cuando se gestó la creciente prisa con las que iba siendo preciso hacer las cosas. Las consecuencias recaían sobre la calidad de vida: proletarización de masas campesinas, desarraigo existencial, hacinamiento en suburbios de grandes ciudades, crisis de fe religiosa, crisis de la familia ...
Indudablemente estas condiciones no son las mismas a aquellas que hacen tomar sustancias psicotrópicas a los chamanes, para sus vuelos místicos. La libertad del alcohólico a las puertas de un bar, o ante una botella de licor, se encuentra tan mermada, que solamente satisface al vendedor de turno.
En palabras de los terapeutas, la legalización conlleva una derrota para la persona drogodependiente empeñada en rehabilitarse. La salida del mundo atrapante de las drogas, del infierno, afirman, no se realiza con ayuda de un infierno menor. La solución está en vivir sin drogas, sin dependencias. A mi manera de ver, este argumento no se está escuchando con toda su fuerza. Me preocupa, sospecho y esos son los intereses inconfesados, que queramos legalizar para quitarnos el problema de encima. Si legalizar es dejar a la intemperie a los más débiles y desfavorecidos de la sociedad, como esclavos y vencidos, no puedo por menos que afirmar de esa sociedad que es injusta. En la comunidad utópica será posible reducirse al principio que proclama, "cada quien que haga lo que quiera", pero más acá de la utopía, en nuestras realidades, perviven y se mantienen las desigualdades.
La libertad, como los derechos, son proyectos de vida digna, construidos desde la capacidad de razonar, desde la convicción de no infligir ningún mal a los otros y a todo lo que nos rodea. En estas condiciones no me importa decir que todo es libertad y responsabilidad, que cada cual haga lo que quiera. La situación contraria, que reclama derechos sin deberes, es construir una sociedad sin defensas ante los poderes, de la fuerza, del dinero, de la picaresca o de la manipulación. Legalizada la droga, sin más estrategias sociales, nos quedamos a la intemperie de una temeraria indefensión ante la prepotencia y el canallismo de instalados narcotraficantes. Las drogas que privan de libertad o de responsabilidad, en palabras de J. A. Marina, no pueden constituir un derecho, pues atentan contra la dignidad sin la cual sólo es posible la selva. Si quebramos la responsabilidad, no tiene ningún sentido la consideración del bien común.
La alternativa y la solución al problema humano de las drogas, con los medios que tienen a su alcance las sociedades avanzadas, pasa por una estrategia combinada de información, de prevención y de sensibilización.
DROGAS III
LAS DROGAS, PROBLEMA DE NUESTRO TIEMPO
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el domingo 21 de junio de 1998)
La droga se vive en nuestro tiempo. ´Vivirla´ significa que cada análisis, cada juicio, girará situado en el horizonte de experiencias terriblemente contrapuestas: los toxicómanos, las mafias del narcotráfico, las familias destrozadas, los organismos civiles atareados en la lucha de la prevención y desintoxicación, los tratadistas de la farmacopea, los represores de piñón fijo, los legalizadores de erudición violetera, qué adultos o qué jóvenes, los estados, la ONU, los chamanes de cualquier parte del mundo, Henri Michaux (1899-1984)...
Si las experiencias nos desbordan, ¿cómo llegar a las antesalas del consenso?. ¿Represión y clima prohibicionista sin tregua? ¿Liberalización y permisividad hasta donde el individuo y las sociedades resistan? Las drogas no nacieron como problema, ha sido la mano humana quien las ha trucado en muerte, negocio, dolor... por haberlas descontextualizado.
Cuando el rito y el misterio de las cosas, de la realidad, resultan banalizados, no deja de haber rito y misterio, no mueren (¡qué poco sospechó Nieztsche que matar a Dios era tan difícil!), sino que cubren con sus sombras y protegen otras iniciativas, otras liturgias, otras novedades; se transmutan sus significados. El artista belga Henri Michaux viajó a las profundidades de la mescalina para crear buena parte de su obra pictórica, un viaje al interior de sí mismo; Antonio Escohotado, profesor y ensayista, al finalizar su licenciatura decidió tomar drogas para ´conocer´; futbolistas, cantantes, profesionales de amplio espectro, hombres y mujeres, adolescentes perdidos con todo el mundo a cuestas...
La droga engancha taimada y sibilinamente, besando con labios de muerte, bajo el engaño de sentimientos primerizos que dan acogida, amistad, dinero, compañía, éxito, vigor, ´comer-el-mundo´, alucinar, pasarlo-bien, y otras mandangas que se escuchan como si fueran las razones y valores de más lujo.
Recuerdo que en el verano de 1995, se hizo palpable el malestar de varios países europeos por causa de la ´gestión holandesa contra las drogas´. Incluso, fue motivo de relaciones políticas calificadas de difíciles, en declaraciones del embajador francés en La Haya. Parecido malestar expresaba la ministra sueca de Justicia. Se juzgaba inconcebible, no que cada país dentro del marco de la Unión Europea tuviera derecho a su propia iniciativa contra la droga, sino que la descoordinación entre los propios estados asociados generara más problemas en cuanto a la gestión. En palabras de Laila Freivalds, por entonces ministra sueca de Justicia, su país apostó por la represión en los años ´60, después pasó a ser más liberal; al final de los años ´70 se volvió a la represión; las medidas empleadas hoy son en parte judiciales y en parte, de trato con los drogadictos. Ni que decir tiene que la represión a tontas y a locas, o la liberalización absoluta, solucionan este grave problema mundial de las drogas.
Por aquellas fechas, julio y agosto de 1995, la policía detuvo en Rotterdam a más de seiscientas personas en tres semanas. La operación ´Victor´, tal como la denominaron las autoridades, destapó lo que todos sabían: a los ´turistas de las drogas´. De todos los detenidos, ciento ocho eran extranjeros, franceses, belgas y alemanes, que viajaban desde sus países para comprar mercancía de buena calidad y más barata. No finalizó con esta acción el problema. En las zonas del trapicheo, los vecinos tomaron la justicia por su mano, dando origen a una nueva situación de violencia, hartos como estaban de ver el declive cotidiano de sus lugares de residencia.
La lucha contra los imperios de las drogas, si no son estrategias comunes de los estados, no conducen a ninguna parte, no solucionan nada. Pensar que pueda existir un mercado de drogas libre es desconocer la realidad mafiosa. La descoordinación permitirá con toda seguridad, que los narcotraficantes sean cada día más poderosos, más ricos, más violentos, y el sufrimiento de los débiles suba enteros todavía más entre esta humanidad en la que estamos y somos.
POR UNA ALTERNATIVA RESPONSABLE ANTE LAS DROGAS (I)
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el domingo 22 de enero de 1995)
El recurso a las drogas en el mundo antiguo se inscribe, según las diversas culturas, como una ayuda o servicio posibilitante para situarse en la existencia, como el ritual que propicia el viaje hasta los confines del Tiempo original. El illud tempus del Paraíso. La búsqueda del retorno a los días en que los dioses paseaban por la Tierra, y los seres humanos gozaban de la inmortalidad. Eran los tiempos míticos de la felicidad permanente.
Los nenúfares (flor de agua) en el Norte de África y entre los mayas, entre estos también el ololiuhqui (Ipomoea violacea) que contiene alcaloides del tipo LSD, la bufotenina obtenida al presionar las glándulas epidérmicas de los sapos, con la cual los indios amazónicos consiguen alucinaciones en un estado de gran excitación, y la bebida sagrada del balché. Para algunos chamanes sudamericanos el uso de alucinógenos como el nishi, extracto de la liana Banisteriopsis caapi, el yagé o el tabaco, son los agentes que impulsan su alma para recuperar almas errantes.
Otros alucinógenos como la marihuana, el agárico mosca (Amanita muscarita), el parásito que crece en la cebada (Claviceps purpurea), eran conocidos por los escitas y otras tribus indoeuropeas para la práctica del éxtasis. Herodoto, en el siglo V a. de C., informa de la costumbre entre los escitas de reunirse en una tienda y aspirar el humo de las semillas del cáñamo (Cannabis sativa) tostadas; este uso quedó demostrado por el descubrimiento de unas semillas tostadas en una tumba altaica oriental del siglo II a. de C.
En la India védica, los sacerdotes bebían tres veces al día el jugo de una planta de las montañas llamada soma, hoy desaparecida. Con toda posibilidad, la misma droga (haoma) que bebían los guerreros del Irán prezoroástrico, con la que alcanzaban un sobresaltado estado de furia asesina. Todo parece indicar que el beleño negro (Hyoscyamus niger) fue el sustituto del soma.
No cabe duda de que este modo de entender las drogas no tiene relación alguna con los usos actuales. El modo moderno de las drogas comienza, o la vinculación entre la creación y la ebriedad, se afianza, a mi modo de ver, con el siglo XIX en el seno de determinados ambientes artísticos e intelectuales. La obra Confesiones de un Opiómano (1821) de Th. de Quincey, influye sobre poetas y escritores franceses. Entre ellos cabe nombrar a Ch. Baudelaire, con su ensayo Los paraísos artificiales, así como al Club des Haschischiens, del cual formaba parte, junto a su fundador T. Gautier, con Delacroix, Verlaine, Rimbaud, Dumas, Hugo y Balzac. El hachis y el opio, según Baudelaire constituyen una fuente de excitación positiva para la fantasía de los artistas.
En el mundo del arte y sobre todo para los movimientos vanguardistas, la experimentación o superación de lo ya conocido se había convertido en norma. El uso de las drogas daba alucinaciones que permitían sensaciones nuevas, colores, sonidos, submundos para ser narrados, pintados o poetizados. A fuerza del láudano, según dejan ver las cuentas de farmacia, seguro que crearon algunas de sus obras Goethe, Novalis, Coleridge, Byron, Wordsworth, Keats, Goya o W. Scott. En Las variedades de la experiencia religiosa (p. 291), cuenta W. James sus experiencias de intoxicación con óxido nitroso, con el fin de escribir un informe sobre el estado de consciencia; en la misma obra alude al uso de cloroformo para obtener experiencias místicas. De J. P. Sartre sabemos, por su propia palabra, que durante veinte años abusó de los estimulantes, en concreto del Corydrane; ¿para escribir sobre la libertad?
El descubrimiento de la morfina (1806), la cocaína (1860) y la heroína (1883), propiciaron la comercialización a gran escala. En su mayoría los consumidores, que mantenían una discreta reserva sobre su costumbre, pertenecían a la clase media. Al tiempo de poderlas comprar con toda libertad le sucede, a principios del siglo XX, el tiempo de la prohibición, por cierto muy vinculado a los movimientos puritanos de los EE.UU.
El recorrido por la historia y las culturas no nos aporta las soluciones. Por el conocimiento histórico podemos distinguir los falsos planteamientos propensos a la demagogia, o las autojustificaciones retóricas y narcisistas. En las drogas como en el sexo, la percepción se ve trastocada, sobre todo, cuando existe desajuste entre lo que se esperado y lo que se llegó a experimentar.
La distancia que media entre el uso de las drogas en las culturas antiguas y las actuales, me parece tan lejana como la que pudiera establecerse entre el mundo y la nada, entre el cielo y el infierno, entre la libertad y la esclavitud. No obstante, si nos acercamos a las sabidurías mítico-rituales que acompañaban el uso de los alucinógenos en las culturas antiguas, su para qué propio, quizá podamos penetrar en los motivos que arrastran hoy a tantas gentes hacia las drogas. El ansiado refugio, la protesta inconformista, el abandono de todas las ganas de vivir, o la incertidumbre de la insegura puesta en escena de la vida, experiencias todas ellas de lo difícil que es vivir conscientes de la finitud, de lo incierta y compleja que es la existencia.
Ante los estragos humanos y sociales ocasionados por las drogas no se puede ahorrar en palabras, en ideas y en compromisos. Buscar la solución interpela a toda la sociedad, a los drogodependientes, a las madres y padres que luchan contra tal infierno, a los terapeutas, jueces, cuerpos de seguridad, funcionarios de prisiones, personal sanitario, intelectuales, profesorado... Por lo tanto es un debate abierto, con muchas verdades y con más de una solución.
DROGAS II
POR UNA ALTERNATIVA RESPONSABLE ANTE LAS DROGAS (y II)
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el 25 de enero de 1995)
La alternativa legalizadora acumula cada vez más defensores. La represión cuenta con destacados detractores y con el rechazo contundente a la vista de los resultados. La prevención me temo que es la gran ignorada, por lo que escucho en los debates espontáneos de café, entre colegas o en las aulas. Quiero escuchar antes de nada a drogodependientes y terapeutas; creo que su palabra debe ser la primera en esta búsqueda. A los demás nos es difícil la neutralidad, bajo capa de inciertos intereses.
Me hace dudar la solución legalizadora, porque del mismo modo que la represión, no toma en cuenta las causas o problemas de la droga, ni le importa la persona del toxicómano. En mi opinión, legalizar sin más supone la abdicación absoluta, la derrota de toda la sociedad que no sabe que hacer ante este problema.
Quienes trabajan en proyectos de desintoxicación repiten que la droga es síntoma de una situación personal carencial. Por tanto, apelar a que las drogas han formado parte de las culturas desde siempre, no tiene sentido, al menos para las sociedades actuales. En los pueblos antiguos el consumo de raíces, hongos, cortezas de árboles, hierbas o secreciones animales, se enmarcaba dentro de su manera de explicarse el mundo, como un medio en manos de iniciados, sacerdotes, chamanes, hechiceros, curanderos o brujos.
Los drogodependencia constatable en nuestras sociedades carece de acompañamiento social, es decir, le falta cualquier atisbo de iniciación con significado propio en la explicación de la realidad o de la vida. Quiero decir con esto que, el saber tecnocientífico ha suplido la incertidumbre, las carencias explicativas de nuestros antepasados primitivos. La génesis y formación de la lluvia, la curación de la lepra o el mal de ojo, por ejemplo, no se encuentran en las alucinaciones sino en la formación, en los libros, en las escuelas. Esto no obsta para que no apreciemos y rescatemos valiosos saberes primitivos.
Traer a colación la libertad, más bien parece una pedrada lanzada desde el anonimato. Entre el querer y la necesidad, en este tema, no puede medirse la distancia. La drogodependencia no es exclusiva responsabilidad del toxicodependiente, sino que es alimentada por el estilo de vida de la sociedad. Las personas hemos entrado en los mismos mecanismos de las bolsas de valores, en el tanto vales cuanto produces. Afirma A. Escohotado, reconocido conocedor de la historia de las drogas, que al comienzo de la civilización industrial los ojos se volvieron con entusiasmo hacia las drogas porque influían sobre el ánimo, abatido por las tensiones y ferocidad laboral, económica y existencial en nombre del Progreso. Fue entonces cuando se gestó la creciente prisa con las que iba siendo preciso hacer las cosas. Las consecuencias recaían sobre la calidad de vida: proletarización de masas campesinas, desarraigo existencial, hacinamiento en suburbios de grandes ciudades, crisis de fe religiosa, crisis de la familia ...
Indudablemente estas condiciones no son las mismas a aquellas que hacen tomar sustancias psicotrópicas a los chamanes, para sus vuelos místicos. La libertad del alcohólico a las puertas de un bar, o ante una botella de licor, se encuentra tan mermada, que solamente satisface al vendedor de turno.
En palabras de los terapeutas, la legalización conlleva una derrota para la persona drogodependiente empeñada en rehabilitarse. La salida del mundo atrapante de las drogas, del infierno, afirman, no se realiza con ayuda de un infierno menor. La solución está en vivir sin drogas, sin dependencias. A mi manera de ver, este argumento no se está escuchando con toda su fuerza. Me preocupa, sospecho y esos son los intereses inconfesados, que queramos legalizar para quitarnos el problema de encima. Si legalizar es dejar a la intemperie a los más débiles y desfavorecidos de la sociedad, como esclavos y vencidos, no puedo por menos que afirmar de esa sociedad que es injusta. En la comunidad utópica será posible reducirse al principio que proclama, "cada quien que haga lo que quiera", pero más acá de la utopía, en nuestras realidades, perviven y se mantienen las desigualdades.
La libertad, como los derechos, son proyectos de vida digna, construidos desde la capacidad de razonar, desde la convicción de no infligir ningún mal a los otros y a todo lo que nos rodea. En estas condiciones no me importa decir que todo es libertad y responsabilidad, que cada cual haga lo que quiera. La situación contraria, que reclama derechos sin deberes, es construir una sociedad sin defensas ante los poderes, de la fuerza, del dinero, de la picaresca o de la manipulación. Legalizada la droga, sin más estrategias sociales, nos quedamos a la intemperie de una temeraria indefensión ante la prepotencia y el canallismo de instalados narcotraficantes. Las drogas que privan de libertad o de responsabilidad, en palabras de J. A. Marina, no pueden constituir un derecho, pues atentan contra la dignidad sin la cual sólo es posible la selva. Si quebramos la responsabilidad, no tiene ningún sentido la consideración del bien común.
La alternativa y la solución al problema humano de las drogas, con los medios que tienen a su alcance las sociedades avanzadas, pasa por una estrategia combinada de información, de prevención y de sensibilización.
DROGAS III
LAS DROGAS, PROBLEMA DE NUESTRO TIEMPO
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el domingo 21 de junio de 1998)
La droga se vive en nuestro tiempo. ´Vivirla´ significa que cada análisis, cada juicio, girará situado en el horizonte de experiencias terriblemente contrapuestas: los toxicómanos, las mafias del narcotráfico, las familias destrozadas, los organismos civiles atareados en la lucha de la prevención y desintoxicación, los tratadistas de la farmacopea, los represores de piñón fijo, los legalizadores de erudición violetera, qué adultos o qué jóvenes, los estados, la ONU, los chamanes de cualquier parte del mundo, Henri Michaux (1899-1984)...
Si las experiencias nos desbordan, ¿cómo llegar a las antesalas del consenso?. ¿Represión y clima prohibicionista sin tregua? ¿Liberalización y permisividad hasta donde el individuo y las sociedades resistan? Las drogas no nacieron como problema, ha sido la mano humana quien las ha trucado en muerte, negocio, dolor... por haberlas descontextualizado.
Cuando el rito y el misterio de las cosas, de la realidad, resultan banalizados, no deja de haber rito y misterio, no mueren (¡qué poco sospechó Nieztsche que matar a Dios era tan difícil!), sino que cubren con sus sombras y protegen otras iniciativas, otras liturgias, otras novedades; se transmutan sus significados. El artista belga Henri Michaux viajó a las profundidades de la mescalina para crear buena parte de su obra pictórica, un viaje al interior de sí mismo; Antonio Escohotado, profesor y ensayista, al finalizar su licenciatura decidió tomar drogas para ´conocer´; futbolistas, cantantes, profesionales de amplio espectro, hombres y mujeres, adolescentes perdidos con todo el mundo a cuestas...
La droga engancha taimada y sibilinamente, besando con labios de muerte, bajo el engaño de sentimientos primerizos que dan acogida, amistad, dinero, compañía, éxito, vigor, ´comer-el-mundo´, alucinar, pasarlo-bien, y otras mandangas que se escuchan como si fueran las razones y valores de más lujo.
Recuerdo que en el verano de 1995, se hizo palpable el malestar de varios países europeos por causa de la ´gestión holandesa contra las drogas´. Incluso, fue motivo de relaciones políticas calificadas de difíciles, en declaraciones del embajador francés en La Haya. Parecido malestar expresaba la ministra sueca de Justicia. Se juzgaba inconcebible, no que cada país dentro del marco de la Unión Europea tuviera derecho a su propia iniciativa contra la droga, sino que la descoordinación entre los propios estados asociados generara más problemas en cuanto a la gestión. En palabras de Laila Freivalds, por entonces ministra sueca de Justicia, su país apostó por la represión en los años ´60, después pasó a ser más liberal; al final de los años ´70 se volvió a la represión; las medidas empleadas hoy son en parte judiciales y en parte, de trato con los drogadictos. Ni que decir tiene que la represión a tontas y a locas, o la liberalización absoluta, solucionan este grave problema mundial de las drogas.
Por aquellas fechas, julio y agosto de 1995, la policía detuvo en Rotterdam a más de seiscientas personas en tres semanas. La operación ´Victor´, tal como la denominaron las autoridades, destapó lo que todos sabían: a los ´turistas de las drogas´. De todos los detenidos, ciento ocho eran extranjeros, franceses, belgas y alemanes, que viajaban desde sus países para comprar mercancía de buena calidad y más barata. No finalizó con esta acción el problema. En las zonas del trapicheo, los vecinos tomaron la justicia por su mano, dando origen a una nueva situación de violencia, hartos como estaban de ver el declive cotidiano de sus lugares de residencia.
La lucha contra los imperios de las drogas, si no son estrategias comunes de los estados, no conducen a ninguna parte, no solucionan nada. Pensar que pueda existir un mercado de drogas libre es desconocer la realidad mafiosa. La descoordinación permitirá con toda seguridad, que los narcotraficantes sean cada día más poderosos, más ricos, más violentos, y el sufrimiento de los débiles suba enteros todavía más entre esta humanidad en la que estamos y somos.
MICROENSAYO: DERECHOS HUMANOS
DERECHOS HUMANOS I
APASIONARSE CON LOS DERECHOS HUMANOS
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7, el 13 de diciembre de 1993)
El pasado 25 de junio, al cabo de 11 días después de su inauguración, el Secretario General de la ONU clausuró la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos en Viena. No puedo emplear la palabra celebrar y con ello significo que todos hemos perdido, aunque como siempre, los que más sufren recibirán este fracaso en sus propias carnes, llevadas hasta los límites de la tortura, el asesinato y la muerte.
A grandes rasgos puedo recordar que esta Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos no ha tenido fortuna, pues recién inaugurada, comenzó la polémica por la negativa de China a que participara el Dalai Lama; a esta censura se opusieron, con su abandono, los premios Nobel de la Paz que asistían a la Conferencia.
La cima del desastre amenazaba desde el horizonte. Si de entrada, se les negó a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG's) su participación en los trabajos para el documento final de esta Conferencia, por las presiones de China, Siria, Indonesia e Irán; al final, varios estados, China, Irán, Indonesia, Sudán, Kenia, Malasia y Filipinas, presentaron sus dudas sobre la validez mundial de la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948.
¿Qué son las ONG's y por qué molestan?
Se imaginarán Ustedes, como yo, que las ONG's son voz de las gentes sin voz, y por tanto el voluntariado que les da vida son los testigos a quienes les cabe la honra de nombrar todas aquellas injusticias que arrasan con los Derechos Humanos: MEDICOS SIN FRONTERAS, MEDICUS MUNDI, AYUDA EN ACCION, INTERMON, MOVIMIENTO 0,7, MANOS UNIDAS, JUSTICIA Y PAZ, PROSALUS, UNICEF, IEPALA, AMNISTIA INTERNACIONAL, CARITAS, ADNU, CIDEAL, CRUZ ROJA, CIC... y sí que lo siento por no nombrar a todas estas organizaciones, porque ignorarlas es no darles todo su merecido a aquellos que trabajan a favor de los vencidos.
Las ONG's son organizaciones privadas, sin fines de lucro, formadas sobre todo por gente voluntaria y que se dedican al estudio, planificación y la ejecución de proyectos de desarrollo, a nivel popular, orientados a la acción directa. Buena parte de sus esfuerzos se dedican a sensibilizar a la opinión pública ante estas cuestiones, y en la recogida de fondos destinados a la financiación de los proyectos en el Tercer Mundo, así como en las actividades de presión a los gobiernos para que se enfrenten ante el problema del subdesarrollo (en Madrid, ya va para un mes la huelga de hambre que mantienen un grupo de personas, para exigir que el 0,7% del Producto Interior Bruto se dedique a los países más pobres de la Tierra, tal y como se comprometió el Estado español ante la ONU).
La colaboración de estas asociaciones con las Comunidades Locales tanto del Norte como del Sur, se basa en una serie de criterios, siempre atentos ante toda forma de colonialismo: la ausencia de paternalismos, la iniciación y aprobación de proyectos por las Comunidades Locales, el reconocimiento de la importancia de la mujer en el proceso de desarrollo, y el respeto y ayuda a las diversidades culturales.
Lo escrito hasta ahora lo podemos comparar con este otro hecho, que nos viene como anillo al dedo, para contrastar los diferentes modelos de trabajo con el Mundo Necesitado; el modelo de los 'ingenieros sociales'.
Se trata del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) de los países del Este. Ya el nombre del Banco es todo un programa, aunque sea de buenos deseos. Su primer presidente y amigo de F. Miterrand, un tal Jacques Attali, presentó el pasado 25 de junio su dimisión, porque la prensa con sus críticas le acarreaba efectos perjudiciales a sus tareas. La sensatez estaría de su parte al momento, si reconociera que las razones de su dimisión no eran otras que una auditoría, la cual sacó a la luz lo gastado en la construcción de la sede, en Londres por cierto, con revestimientos y suelos de mármol; en estos y en otros 'gastos de explotación' (léase viajes en aviones privados), se había empleado más dinero y recursos que los canalizados a los países del Este.
¿Qué tiene que ver esto con los Derechos Humanos? Pues todo; porque son cuestión de sensibilidad, de la cual nace el apasionamiento, el sentir con las entrañas como en tantas mujeres y hombres de las ONG's. Por lo general los abusos vienen de las ideas encallecidas de los poderosos: del que sabe leer sobre el analfabeto, del que posee influencia sobre quien está desprotegido, del que tiene armas sobre quien tiene sólo la vida, del que tiene algún tipo de fuerza sobre quien tiene de su parte la debilidad ...
¿Cuántos mandamientos a lo largo de la Historia, y todavía no brilla la Justicia! Si es este el motivo por el que permitimos que se nos atrofie la pasión, es fácil que anulemos la radicalidad por la justicia. Lo cual nos da a entender que en nuestras manos está el escribir los mejores Derechos Humanos, pero si carecemos de ternura para apasionarnos con ellos, no serán otra cosa que manchas de tinta sobre el papel, borrones de buena voluntad. Sólo cuando no nos olvidemos jamás de recordar a las víctimas de todas las injusticias podremos estar seguros de avanzar hacia la humanidad sedienta de justicia. Así es la pasión por los Derechos Humanos, como la viven, junto con otras gentes, la mayoría del voluntariado de las ONG's.
DERECHOS HUMANOS II
TEORÍA Y PRÁCTICA DE LOS DERECHOS HUMANOS
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el 3 de enero de 1995)
Metidos en esto de los Derechos Humanos no nos podemos quedar en una simple memorización. No está de más que conozcamos cada artículo uno por uno. Es el comienzo, aunque sirve de muy poco.
De obligaciones, preceptos y mandamientos el pueblo judío sabe mucho, hasta tal punto que ha llegado a codificar 613, nada más y nada menos, de los cuales 365 son prohibiciones y 248 son preceptos. Cuenta el libro bíblico del Éxodo, en el capítulo 34, que Moisés talló, por orden divina, en dos losas de piedra los mismos preceptos que Dios escribiera por ambas caras de otras dos piedras anteriores, arrojadas al suelo y destruidas por el profeta, cuando al bajar del monte se encontró con la movida del becerro de oro en el campamento.
He aquí que me ha dado por actualizar, o más bien alegorizar, tal hecho en relación con nuestros Derechos Humanos como sigue. En lugar de 10 mandamientos, que en esto el número ni quita ni pone, nuestros Derechos Humanos son 30. Comenzaba escribiendo que la memoria no lo es todo en estos asuntos, aunque por ella se empieza. De esto el Dios bíblico debía saber bastante, o al menos se imaginaba algunas consecuencias de signo olvidadizo entre los humanos, porque tuvo una de esas ocurrencias geniales de pragmatismo social. No le bastó con que Moisés las supiera con todo detalle, le entregó las leyes talladas en dos losas y por ambas caras. Con la escritura de las leyes el Dios de Moisés fue de los primeros en meter a la memoria en la caja de las sospechas. La razón, me parece a mí, estaba de su parte, porque luego vienen los olvidos interesados, el correr un tupido velo, los apaños, el donde digo digo..., y todo para saltarse las normas y modificarlas de acuerdo a no confesados intereses particulares.
Nuestros Derechos Humanos también los tenemos escritos y refrendados por los Estados miembros de las Naciones Unidas. Otro acuerdo mayor es inimaginable. Así y todo no son la vacuna que inmunice a los humanos contra toda tentación y proyecto violento. No estamos en condiciones de dar por seguro que jamás provocaremos un diluvio universal, que necesariamente no tiene que ser de agua ni venir de los cielos. Tal y como van las esperanzas y desastres planetarios más bien parece que estamos aún a las puertas de la Torre de Babel. Son tantos los siglos de signo inconfundiblemente babélico que me pregunto si es que queremos derribar de una vez la torre, o quizá no nos podemos desprender de la ilusión utópica de rematarla. Con todo, y no me ha dado por el pesimismo, en esto de los Derechos Humanos no estamos lejos del desastre, que no por ser narrado de distintas formas por los mitos deja de ser verdadero y posible para cualquier tiempo y sociedad.
A estas alturas de la historia humana el mal está en los olvidos conscientes de todos los holocaustos que hemos construido los humanos, y nada más que los humanos. No entiendo que, a fuerza de repensar lo negativo, quede anulado o atenazado el recuerdo permanente de las mejores conquistas humanas. El recuerdo cuando es crítico no se olvida absolutamente de nada, o lo que es lo mismo, lo reconoce todo.
A los Derechos Humanos les falta ser de sobra conocidos, y lo que es peor, que tampoco son respetados. Entre lo uno y lo otro es el respeto lo que me preocupa. Le tengo puestas muchas dudas a que el saber las leyes implique ineludiblemente la existencia de gentes de buena voluntad. La teoría y la práctica de proyectos humanizadores requiere que las gentes prefieran el bien al mal en la explicación que planteen de su vida, a pesar de que esa opción les acarree problemas dramáticos.
¡Hablar de los Derechos Humanos...y tener las manos o la vida vacía!¡Saberse los 30 artículos y nada más! No busco culpabilizar a la memoria, ni descargar la conciencia, tan ciega en cada individuo para divisar los propios despropósitos con los Derechos Humanos.
El paso de lo abstracto y general a lo propio, que es la vida de cada cual, se convierte en un salto temerosamente ignorado, salvo por las pocas personas que se arriesgan. Los Derechos Humanos no se proclamaron en la Asamblea General de las Naciones Unidas un 10 de diciembre de 1948 para que los cumplieran las instituciones y el funcionariado que pulula por sus despachos. Éstas no existen por su cuenta, al margen de la dimensión humanizadora o represiva transmitida por los seres humanos que les dan vida. Estamos acostumbrados al uso y abuso institucional de los Derechos Humanos, cuando se utilizan como arma arrojadiza de unos Estados con otros en sus trapicheos diplomático-comerciales. Esto es así porque considerados individualmente tampoco gozan de mayor respeto.
Entiendo que los Derechos Humanos, con su redacción actual que consta de un Preámbulo y 30 artículos, están de sobra proporcionados para practicarlos de manera individual, familiar o universal. Nada mejor en este Año Internacional de la Familia que la entrada de la Declaración Universal en cada hogar. Tanto para quienes la familia es un éxito, como para quienes la toman como resistencia frente al infierno de las drogas o de otros avatares siempre trágicos, es el momento de comenzar la fiesta de estos Derechos que también son Deberes Humanos. O acaso ¿no es una fiesta de cara al futuro, el que cada persona respete como norma común, y tenga siempre en la teoría y en la práctica la Declaración Universal de los Derechos Humanos?.
DERECHOS HUMANOS III
REFLEXIÓN EN TORNO A LOS DERECHOS HUMANOS
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el 10 de diciembre de 1995)
Han pasado dos siglos desde que la libertad, la igualdad y la fraternidad, fueran consagradas como un principio imprescindible en favor de la convivencia y en contra de la barbarie. En 1789 la Asamblea Nacional Francesa presentó "en presencia y bajo la protección del Ser Supremo" la Declaración de los Derechos del Hombre, según se expone en el ´preámbulo´, porque el olvido de estos derechos,-se afirma-, son las únicas causas de la adversidad pública y de la perversión de los gobiernos.
La preocupación por hacer un mundo humano, donde no reine la injusticia, viene desde los tiempos antiguos de la humanidad. Las leyes de Ur-Nammu (s. XX a. de C.), las leyes de Lipit-Istar (s. XX a. de C.), las leyes hititas (s. XVI a. de C.), las leyes de Hammurabi (s. XVIII a. de C.), las colecciones legales de Israel conocidas a través de los libros bíblicos de la Torá, la perfección del derecho romano (s.VIII a. de C.- s. VI d. de C.) que en la etapa preclásica relacionaba el ius con el fas además de confiar a los sacerdotes la custodia del calendario judicial, y en la India las leyes de Manu (s. II a. de C.-s.I d. de C.), todas ellas forman colecciones legales cuyos contenidos expresan la relación de lo jurídico con lo religioso. Por otra parte no se debe ignorar la procedencia de los citados documentos, herencia de civilizaciones diferentes y distantes.
El judaísmo afirma que es inherente a todo ser humano una dignidad inalienable. Esto se entiende desde la afirmación bíblica de que Dios creó al ser humano a su imagen y de que Dios lo ha aceptado en alianza como participante activo en la creación (E.B. BOROWITZ). No cabe duda de que la idea moderna de los Derechos Humanos no se encuentra en la doctrina judía clásica, ni en los libros de la Biblia, ni en la literatura rabínica.
El cristianismo también de manera indirecta reclama la dignidad de los individuos partiendo de la semejanza divina y cristológica. No debemos ignorar que el concepto persona es una rica herencia cristiana de indudables consecuencias. Desgraciadamente la libertad religiosa tuvo que descubrirse a partir de las guerras de religión que ensangrentaron a Europa. La oposición de algunos papas de los siglos XVIII y XIX a los principios de libertad e igualdad provenía de un enquistamiento en el debate con movimientos anticristianos renacidos con la Ilustración.
El islam coincide con las otras religiones proféticas en el reconocimiento de la dignidad humana. El Corán sanciona los principios de justicia, igualdad y libertad en los capítulos correspondientes a la primera etapa de la revelación al profeta Mahoma en La Meca. Algunos teólogos musulmanes (A.A. AN-NA´IM y U. M. TAHA) apuestan por un desarrollo moderno de la sharía (normativa de forma de vida islámica) y aplicando el principio de abrogación (naskh) entienden que los versículos revelados en La Meca excluyen a los revelados en Medina.
Para las tradiciones religiosas de la India así como para el budismo los Derechos Humanos representan, según la pensadora hindú B. MUKERJI, una aproximación al verdadero espíritu de sus creencias religiosas. Los Derechos Humanos, en opinión de la citada ensayista, deben desvincularse del liderazgo de Occidente, no darse a conocer en medio de las formas de violencia y dominación económica y política del Mundo Rico sobre el Mundo Empobrecido. A las tradiciones espirituales orientales les corresponde introducir en el desarrollo de los Derechos Humanos dimensiones de liberación interior (S. VIVARAKSA).
Tratar de relacionar los contenidos de la Declaración de los Derechos Humanos con determinados códigos religiosos, es una labor necesaria, aunque no aparece exenta de dificultades para la interpretación de creyentes e increyentes. Consciente de esta crítica, parto de una idea que no adultera la reflexión por la que me encamino. Del vínculo probable entre los principios formulados por la Declaración de los Derechos Humanos y los códigos legales de las grandes religiones históricas no se sigue ninguna consecuencia negativa, sino la evidencia aún más límpida de que son principios universales y sedimentados históricamente. La convivencia, el respeto absoluto a la vida humana junto a toda la creación, la justicia, la paz, la ayuda a los extranjeros, esclavos, enfermos y viudas, desde antiguo se han sacralizado como imprescindibles e irrenunciables para cualquier pueblo comprometido a favor del bien y en contra del mal. En la vida, esa diferencia, se experimenta en muy corto plazo.
Las religiones, que son un depósito de sabiduría, atestiguan esta preocupación reafirmada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada el 10 de diciembre de 1948. No pretendo reflexionar con el fin de adjudicarle a las religiones las mejores intuiciones de los Derechos Humanos. Pero tampoco se puede afirmar que hasta estos últimos siglos la humanidad no se preocupó de la dignidad humana. A pesar de estos esfuerzos muchos humanos han sufrido las injusticias provocadas desde las creencias; esa será una cuestión a la que no nos podemos cerrar si mantenemos un discurso racional coherente y creíble. De la misma manera que no podemos mostrarnos indiferentes ante los atentados contra los Derechos Humanos en algunos Estados aunque los hayan refrendado en la ONU. Frente a toda incomprensibilidad y sinrazón en muchos pueblos no cala la sacralidad de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad en todas sus dimensiones.
Me queda por concluir que los Derechos Humanos para que sean derechos de todos no tienen que pasar por el beneplácito de las religiones como si fueran las horcas caudinas; pero no es menos cierto que sin relación con lo sagrado, para millones de humanos vinculados a un cosmos de tradiciones espirituales, los Derechos Humanos se pueden quedar desvertebrados, a mitad de camino entre lo humano y lo divino.
DERECHOS HUMANOS IV
LA IMPORTANCIA DE LOS DERECHOS HUMANOS
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el domingo 8 de diciembre de 1996)
A estas alturas de la civilización todavía tenemos que seguir fundamentando los Derechos Humanos, dando a entender que son sumamente importantes. No sólo a mí, sino también a los millones de personas con quienes comparto esta sensibilidad y razón, se nos hace inexplicable que unos valores tan evidentes no haya manera de ver respetados en este mundo nuestro de cada día.
Hambre, opresiones, pena de muerte, guerras, miseria, crímenes, tráfico de armas, abusos, terrorismo, refugiados, tortura, esclavitudes, indefensión, injusticias múltiples... todos estos males sufridos en las carnes de millones de seres humanos.¿Acaso tenemos que darles la razón a quienes afirman que allí donde hay un ser humano ya existe el mal?. Miradas así las cosas bien pudiera decirse que no queda ninguna salida,¡que somos una especie maldita!.
A los pesimistas de lo humano esta manera de reflexionar les tiene que sentar a sensación límite, a orgasmo mental. Antes de seguir adelante, les diré, que no encontrarán en mis palabras la diversión buscada; no quiero ser puta o chapero que satisfaga sus caprichos mentales.
En cuanto a los Derechos Humanos, desgraciadamente, todos somos pesimistas, pero de otro talante diverso al aludido en el párrafo anterior. Se van ganando algunas batallas, pero queda tanto camino por recorrer, tantas mentes y tierras por conquistar, que más parece un empeño perdido.¡Qué difícil es creer en la utopía, lanzarse en brazos del convencimiento que suspira por la victoria de la dignidad humana!.
Ante tantas atrocidades humanas como estamos acostumbrados a conocer, me pregunto, si cabe imponer estos principios y valores, esta filosofía de la vida, aunque sea a la fuerza, para que ningún ser humano más sea tratado con indignidad, con desprecio. ¿Cómo detener esta fuerza humana capaz de maltratar, de contaminar, de torturar, de insensibilizarse con respecto al dolor ajeno, de no ver el futuro?.
Mi memoria me trae recuerdos abominables. La historia de la Inquisición, por ejemplo, bien vale para un maravilloso aprendizaje. Los muy religiosos inquisidores, y con ellos todo el aparato inquisitorial, no están bien retratados si se presentan como desalmados, como irresponsables por su locura. Los guardianes y creadores de los campos de concentración, los inventores de las cámaras de gas, los muy comunistas constructores de los gulags, estaban y eran muy cuerdos:¡sabían muy bien lo que hacían!.
En estas desfiguraciones tuvieron mucho que ver quienes escribieron, no para narrarnos la realidad y sufrimiento observado, sino aquellos detalles que les exigía su imaginación. Qué más quisiera yo, como ser humano, que esas tragedias inconmensurables, las hubiese provocado un demonio, un falso dios, un demente, un irresponsable, en definitiva, un no-humano.
Lo tremendo es que estaban y eran tan cuerdos los que padecían como los verdugos. En estos temas no tiene cabida la sugestión, ni la mentira, ni la enfermedad mental. Todo el dolor era verdad, y verdadera era la humanidad de los criminales; tan evidente, que pusieron toda su inteligencia y sentimientos a hacer sufrir, a destruir, a disfrutar con el dolor de sus semejantes.¡Malditos!.
Imponer el bien es nefasto, pues trae consecuencias fatales, ¡pero algo habrá que hacer!. Tengo por seguro un camino que conduce a ese fín perseguido tan ansiosamente por la humanidad. Se observa desde la antigüedad y como una constante a lo largo de la historia. Ya sea con la elaboración de los primeros códigos, pasando por las reglas de oro de Confucio, Buda, el Jaina, Zaratustra, la Toráh, Jesús de Nazaret, Mahoma, Francisco de Asís, Kant, la Declaración de los Derechos del Hombre (1789), la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), Gandhi, Luther King, Sajarov ...
¡Algo habrá que hacer!..., y no se podrá decir que no se dedican esfuerzos a este milagro de lo humano. Pero el desacierto es patente. Desde lo que yo conozco y vivo, tengo la impresión, de que esto de los Derechos Humanos sale a la luz a golpes, de vez en cuando. Vamos, que no es una filosofía de la vida que haya entrado en la familia, en la escuela, en los sindicatos, en las iglesias, en los partidos políticos, en la empresa, en las fuerzas y cuerpos de seguridad, en las relaciones humanas...
El desbarajuste con respecto a la educación en valores es manifiesto, a mi juicio. No quisiera creerlo así, pero me veo obligado a pensar que de los Derechos Humanos se habla a menudo para quedar bien, y en consecuencia, los convertimos en una mentira, en palabras que se lleva el viento.
Existe una manera de recordar los Derechos Humanos que me parece aconsejable. Se trata de una lectura existencial, tratando de penetrar en la manera de ver el mundo expuesta en los treinta artículos de la Declaración Universal. Para finalizar la lectura basta con dejarse emocionar, con estremecerse ante los sucesos lejanos, pero, no sería suficiente si nos evitamos el examen personal: el analizarlos en nuestro entorno, en nuestra circunstancia.
APASIONARSE CON LOS DERECHOS HUMANOS
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7, el 13 de diciembre de 1993)
El pasado 25 de junio, al cabo de 11 días después de su inauguración, el Secretario General de la ONU clausuró la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos en Viena. No puedo emplear la palabra celebrar y con ello significo que todos hemos perdido, aunque como siempre, los que más sufren recibirán este fracaso en sus propias carnes, llevadas hasta los límites de la tortura, el asesinato y la muerte.
A grandes rasgos puedo recordar que esta Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos no ha tenido fortuna, pues recién inaugurada, comenzó la polémica por la negativa de China a que participara el Dalai Lama; a esta censura se opusieron, con su abandono, los premios Nobel de la Paz que asistían a la Conferencia.
La cima del desastre amenazaba desde el horizonte. Si de entrada, se les negó a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG's) su participación en los trabajos para el documento final de esta Conferencia, por las presiones de China, Siria, Indonesia e Irán; al final, varios estados, China, Irán, Indonesia, Sudán, Kenia, Malasia y Filipinas, presentaron sus dudas sobre la validez mundial de la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948.
¿Qué son las ONG's y por qué molestan?
Se imaginarán Ustedes, como yo, que las ONG's son voz de las gentes sin voz, y por tanto el voluntariado que les da vida son los testigos a quienes les cabe la honra de nombrar todas aquellas injusticias que arrasan con los Derechos Humanos: MEDICOS SIN FRONTERAS, MEDICUS MUNDI, AYUDA EN ACCION, INTERMON, MOVIMIENTO 0,7, MANOS UNIDAS, JUSTICIA Y PAZ, PROSALUS, UNICEF, IEPALA, AMNISTIA INTERNACIONAL, CARITAS, ADNU, CIDEAL, CRUZ ROJA, CIC... y sí que lo siento por no nombrar a todas estas organizaciones, porque ignorarlas es no darles todo su merecido a aquellos que trabajan a favor de los vencidos.
Las ONG's son organizaciones privadas, sin fines de lucro, formadas sobre todo por gente voluntaria y que se dedican al estudio, planificación y la ejecución de proyectos de desarrollo, a nivel popular, orientados a la acción directa. Buena parte de sus esfuerzos se dedican a sensibilizar a la opinión pública ante estas cuestiones, y en la recogida de fondos destinados a la financiación de los proyectos en el Tercer Mundo, así como en las actividades de presión a los gobiernos para que se enfrenten ante el problema del subdesarrollo (en Madrid, ya va para un mes la huelga de hambre que mantienen un grupo de personas, para exigir que el 0,7% del Producto Interior Bruto se dedique a los países más pobres de la Tierra, tal y como se comprometió el Estado español ante la ONU).
La colaboración de estas asociaciones con las Comunidades Locales tanto del Norte como del Sur, se basa en una serie de criterios, siempre atentos ante toda forma de colonialismo: la ausencia de paternalismos, la iniciación y aprobación de proyectos por las Comunidades Locales, el reconocimiento de la importancia de la mujer en el proceso de desarrollo, y el respeto y ayuda a las diversidades culturales.
Lo escrito hasta ahora lo podemos comparar con este otro hecho, que nos viene como anillo al dedo, para contrastar los diferentes modelos de trabajo con el Mundo Necesitado; el modelo de los 'ingenieros sociales'.
Se trata del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) de los países del Este. Ya el nombre del Banco es todo un programa, aunque sea de buenos deseos. Su primer presidente y amigo de F. Miterrand, un tal Jacques Attali, presentó el pasado 25 de junio su dimisión, porque la prensa con sus críticas le acarreaba efectos perjudiciales a sus tareas. La sensatez estaría de su parte al momento, si reconociera que las razones de su dimisión no eran otras que una auditoría, la cual sacó a la luz lo gastado en la construcción de la sede, en Londres por cierto, con revestimientos y suelos de mármol; en estos y en otros 'gastos de explotación' (léase viajes en aviones privados), se había empleado más dinero y recursos que los canalizados a los países del Este.
¿Qué tiene que ver esto con los Derechos Humanos? Pues todo; porque son cuestión de sensibilidad, de la cual nace el apasionamiento, el sentir con las entrañas como en tantas mujeres y hombres de las ONG's. Por lo general los abusos vienen de las ideas encallecidas de los poderosos: del que sabe leer sobre el analfabeto, del que posee influencia sobre quien está desprotegido, del que tiene armas sobre quien tiene sólo la vida, del que tiene algún tipo de fuerza sobre quien tiene de su parte la debilidad ...
¿Cuántos mandamientos a lo largo de la Historia, y todavía no brilla la Justicia! Si es este el motivo por el que permitimos que se nos atrofie la pasión, es fácil que anulemos la radicalidad por la justicia. Lo cual nos da a entender que en nuestras manos está el escribir los mejores Derechos Humanos, pero si carecemos de ternura para apasionarnos con ellos, no serán otra cosa que manchas de tinta sobre el papel, borrones de buena voluntad. Sólo cuando no nos olvidemos jamás de recordar a las víctimas de todas las injusticias podremos estar seguros de avanzar hacia la humanidad sedienta de justicia. Así es la pasión por los Derechos Humanos, como la viven, junto con otras gentes, la mayoría del voluntariado de las ONG's.
DERECHOS HUMANOS II
TEORÍA Y PRÁCTICA DE LOS DERECHOS HUMANOS
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el 3 de enero de 1995)
Metidos en esto de los Derechos Humanos no nos podemos quedar en una simple memorización. No está de más que conozcamos cada artículo uno por uno. Es el comienzo, aunque sirve de muy poco.
De obligaciones, preceptos y mandamientos el pueblo judío sabe mucho, hasta tal punto que ha llegado a codificar 613, nada más y nada menos, de los cuales 365 son prohibiciones y 248 son preceptos. Cuenta el libro bíblico del Éxodo, en el capítulo 34, que Moisés talló, por orden divina, en dos losas de piedra los mismos preceptos que Dios escribiera por ambas caras de otras dos piedras anteriores, arrojadas al suelo y destruidas por el profeta, cuando al bajar del monte se encontró con la movida del becerro de oro en el campamento.
He aquí que me ha dado por actualizar, o más bien alegorizar, tal hecho en relación con nuestros Derechos Humanos como sigue. En lugar de 10 mandamientos, que en esto el número ni quita ni pone, nuestros Derechos Humanos son 30. Comenzaba escribiendo que la memoria no lo es todo en estos asuntos, aunque por ella se empieza. De esto el Dios bíblico debía saber bastante, o al menos se imaginaba algunas consecuencias de signo olvidadizo entre los humanos, porque tuvo una de esas ocurrencias geniales de pragmatismo social. No le bastó con que Moisés las supiera con todo detalle, le entregó las leyes talladas en dos losas y por ambas caras. Con la escritura de las leyes el Dios de Moisés fue de los primeros en meter a la memoria en la caja de las sospechas. La razón, me parece a mí, estaba de su parte, porque luego vienen los olvidos interesados, el correr un tupido velo, los apaños, el donde digo digo..., y todo para saltarse las normas y modificarlas de acuerdo a no confesados intereses particulares.
Nuestros Derechos Humanos también los tenemos escritos y refrendados por los Estados miembros de las Naciones Unidas. Otro acuerdo mayor es inimaginable. Así y todo no son la vacuna que inmunice a los humanos contra toda tentación y proyecto violento. No estamos en condiciones de dar por seguro que jamás provocaremos un diluvio universal, que necesariamente no tiene que ser de agua ni venir de los cielos. Tal y como van las esperanzas y desastres planetarios más bien parece que estamos aún a las puertas de la Torre de Babel. Son tantos los siglos de signo inconfundiblemente babélico que me pregunto si es que queremos derribar de una vez la torre, o quizá no nos podemos desprender de la ilusión utópica de rematarla. Con todo, y no me ha dado por el pesimismo, en esto de los Derechos Humanos no estamos lejos del desastre, que no por ser narrado de distintas formas por los mitos deja de ser verdadero y posible para cualquier tiempo y sociedad.
A estas alturas de la historia humana el mal está en los olvidos conscientes de todos los holocaustos que hemos construido los humanos, y nada más que los humanos. No entiendo que, a fuerza de repensar lo negativo, quede anulado o atenazado el recuerdo permanente de las mejores conquistas humanas. El recuerdo cuando es crítico no se olvida absolutamente de nada, o lo que es lo mismo, lo reconoce todo.
A los Derechos Humanos les falta ser de sobra conocidos, y lo que es peor, que tampoco son respetados. Entre lo uno y lo otro es el respeto lo que me preocupa. Le tengo puestas muchas dudas a que el saber las leyes implique ineludiblemente la existencia de gentes de buena voluntad. La teoría y la práctica de proyectos humanizadores requiere que las gentes prefieran el bien al mal en la explicación que planteen de su vida, a pesar de que esa opción les acarree problemas dramáticos.
¡Hablar de los Derechos Humanos...y tener las manos o la vida vacía!¡Saberse los 30 artículos y nada más! No busco culpabilizar a la memoria, ni descargar la conciencia, tan ciega en cada individuo para divisar los propios despropósitos con los Derechos Humanos.
El paso de lo abstracto y general a lo propio, que es la vida de cada cual, se convierte en un salto temerosamente ignorado, salvo por las pocas personas que se arriesgan. Los Derechos Humanos no se proclamaron en la Asamblea General de las Naciones Unidas un 10 de diciembre de 1948 para que los cumplieran las instituciones y el funcionariado que pulula por sus despachos. Éstas no existen por su cuenta, al margen de la dimensión humanizadora o represiva transmitida por los seres humanos que les dan vida. Estamos acostumbrados al uso y abuso institucional de los Derechos Humanos, cuando se utilizan como arma arrojadiza de unos Estados con otros en sus trapicheos diplomático-comerciales. Esto es así porque considerados individualmente tampoco gozan de mayor respeto.
Entiendo que los Derechos Humanos, con su redacción actual que consta de un Preámbulo y 30 artículos, están de sobra proporcionados para practicarlos de manera individual, familiar o universal. Nada mejor en este Año Internacional de la Familia que la entrada de la Declaración Universal en cada hogar. Tanto para quienes la familia es un éxito, como para quienes la toman como resistencia frente al infierno de las drogas o de otros avatares siempre trágicos, es el momento de comenzar la fiesta de estos Derechos que también son Deberes Humanos. O acaso ¿no es una fiesta de cara al futuro, el que cada persona respete como norma común, y tenga siempre en la teoría y en la práctica la Declaración Universal de los Derechos Humanos?.
DERECHOS HUMANOS III
REFLEXIÓN EN TORNO A LOS DERECHOS HUMANOS
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el 10 de diciembre de 1995)
Han pasado dos siglos desde que la libertad, la igualdad y la fraternidad, fueran consagradas como un principio imprescindible en favor de la convivencia y en contra de la barbarie. En 1789 la Asamblea Nacional Francesa presentó "en presencia y bajo la protección del Ser Supremo" la Declaración de los Derechos del Hombre, según se expone en el ´preámbulo´, porque el olvido de estos derechos,-se afirma-, son las únicas causas de la adversidad pública y de la perversión de los gobiernos.
La preocupación por hacer un mundo humano, donde no reine la injusticia, viene desde los tiempos antiguos de la humanidad. Las leyes de Ur-Nammu (s. XX a. de C.), las leyes de Lipit-Istar (s. XX a. de C.), las leyes hititas (s. XVI a. de C.), las leyes de Hammurabi (s. XVIII a. de C.), las colecciones legales de Israel conocidas a través de los libros bíblicos de la Torá, la perfección del derecho romano (s.VIII a. de C.- s. VI d. de C.) que en la etapa preclásica relacionaba el ius con el fas además de confiar a los sacerdotes la custodia del calendario judicial, y en la India las leyes de Manu (s. II a. de C.-s.I d. de C.), todas ellas forman colecciones legales cuyos contenidos expresan la relación de lo jurídico con lo religioso. Por otra parte no se debe ignorar la procedencia de los citados documentos, herencia de civilizaciones diferentes y distantes.
El judaísmo afirma que es inherente a todo ser humano una dignidad inalienable. Esto se entiende desde la afirmación bíblica de que Dios creó al ser humano a su imagen y de que Dios lo ha aceptado en alianza como participante activo en la creación (E.B. BOROWITZ). No cabe duda de que la idea moderna de los Derechos Humanos no se encuentra en la doctrina judía clásica, ni en los libros de la Biblia, ni en la literatura rabínica.
El cristianismo también de manera indirecta reclama la dignidad de los individuos partiendo de la semejanza divina y cristológica. No debemos ignorar que el concepto persona es una rica herencia cristiana de indudables consecuencias. Desgraciadamente la libertad religiosa tuvo que descubrirse a partir de las guerras de religión que ensangrentaron a Europa. La oposición de algunos papas de los siglos XVIII y XIX a los principios de libertad e igualdad provenía de un enquistamiento en el debate con movimientos anticristianos renacidos con la Ilustración.
El islam coincide con las otras religiones proféticas en el reconocimiento de la dignidad humana. El Corán sanciona los principios de justicia, igualdad y libertad en los capítulos correspondientes a la primera etapa de la revelación al profeta Mahoma en La Meca. Algunos teólogos musulmanes (A.A. AN-NA´IM y U. M. TAHA) apuestan por un desarrollo moderno de la sharía (normativa de forma de vida islámica) y aplicando el principio de abrogación (naskh) entienden que los versículos revelados en La Meca excluyen a los revelados en Medina.
Para las tradiciones religiosas de la India así como para el budismo los Derechos Humanos representan, según la pensadora hindú B. MUKERJI, una aproximación al verdadero espíritu de sus creencias religiosas. Los Derechos Humanos, en opinión de la citada ensayista, deben desvincularse del liderazgo de Occidente, no darse a conocer en medio de las formas de violencia y dominación económica y política del Mundo Rico sobre el Mundo Empobrecido. A las tradiciones espirituales orientales les corresponde introducir en el desarrollo de los Derechos Humanos dimensiones de liberación interior (S. VIVARAKSA).
Tratar de relacionar los contenidos de la Declaración de los Derechos Humanos con determinados códigos religiosos, es una labor necesaria, aunque no aparece exenta de dificultades para la interpretación de creyentes e increyentes. Consciente de esta crítica, parto de una idea que no adultera la reflexión por la que me encamino. Del vínculo probable entre los principios formulados por la Declaración de los Derechos Humanos y los códigos legales de las grandes religiones históricas no se sigue ninguna consecuencia negativa, sino la evidencia aún más límpida de que son principios universales y sedimentados históricamente. La convivencia, el respeto absoluto a la vida humana junto a toda la creación, la justicia, la paz, la ayuda a los extranjeros, esclavos, enfermos y viudas, desde antiguo se han sacralizado como imprescindibles e irrenunciables para cualquier pueblo comprometido a favor del bien y en contra del mal. En la vida, esa diferencia, se experimenta en muy corto plazo.
Las religiones, que son un depósito de sabiduría, atestiguan esta preocupación reafirmada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada el 10 de diciembre de 1948. No pretendo reflexionar con el fin de adjudicarle a las religiones las mejores intuiciones de los Derechos Humanos. Pero tampoco se puede afirmar que hasta estos últimos siglos la humanidad no se preocupó de la dignidad humana. A pesar de estos esfuerzos muchos humanos han sufrido las injusticias provocadas desde las creencias; esa será una cuestión a la que no nos podemos cerrar si mantenemos un discurso racional coherente y creíble. De la misma manera que no podemos mostrarnos indiferentes ante los atentados contra los Derechos Humanos en algunos Estados aunque los hayan refrendado en la ONU. Frente a toda incomprensibilidad y sinrazón en muchos pueblos no cala la sacralidad de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad en todas sus dimensiones.
Me queda por concluir que los Derechos Humanos para que sean derechos de todos no tienen que pasar por el beneplácito de las religiones como si fueran las horcas caudinas; pero no es menos cierto que sin relación con lo sagrado, para millones de humanos vinculados a un cosmos de tradiciones espirituales, los Derechos Humanos se pueden quedar desvertebrados, a mitad de camino entre lo humano y lo divino.
DERECHOS HUMANOS IV
LA IMPORTANCIA DE LOS DERECHOS HUMANOS
(Por JOSÉ MANUEL CASTRO CAVERO. Publicado en el Canarias7 el domingo 8 de diciembre de 1996)
A estas alturas de la civilización todavía tenemos que seguir fundamentando los Derechos Humanos, dando a entender que son sumamente importantes. No sólo a mí, sino también a los millones de personas con quienes comparto esta sensibilidad y razón, se nos hace inexplicable que unos valores tan evidentes no haya manera de ver respetados en este mundo nuestro de cada día.
Hambre, opresiones, pena de muerte, guerras, miseria, crímenes, tráfico de armas, abusos, terrorismo, refugiados, tortura, esclavitudes, indefensión, injusticias múltiples... todos estos males sufridos en las carnes de millones de seres humanos.¿Acaso tenemos que darles la razón a quienes afirman que allí donde hay un ser humano ya existe el mal?. Miradas así las cosas bien pudiera decirse que no queda ninguna salida,¡que somos una especie maldita!.
A los pesimistas de lo humano esta manera de reflexionar les tiene que sentar a sensación límite, a orgasmo mental. Antes de seguir adelante, les diré, que no encontrarán en mis palabras la diversión buscada; no quiero ser puta o chapero que satisfaga sus caprichos mentales.
En cuanto a los Derechos Humanos, desgraciadamente, todos somos pesimistas, pero de otro talante diverso al aludido en el párrafo anterior. Se van ganando algunas batallas, pero queda tanto camino por recorrer, tantas mentes y tierras por conquistar, que más parece un empeño perdido.¡Qué difícil es creer en la utopía, lanzarse en brazos del convencimiento que suspira por la victoria de la dignidad humana!.
Ante tantas atrocidades humanas como estamos acostumbrados a conocer, me pregunto, si cabe imponer estos principios y valores, esta filosofía de la vida, aunque sea a la fuerza, para que ningún ser humano más sea tratado con indignidad, con desprecio. ¿Cómo detener esta fuerza humana capaz de maltratar, de contaminar, de torturar, de insensibilizarse con respecto al dolor ajeno, de no ver el futuro?.
Mi memoria me trae recuerdos abominables. La historia de la Inquisición, por ejemplo, bien vale para un maravilloso aprendizaje. Los muy religiosos inquisidores, y con ellos todo el aparato inquisitorial, no están bien retratados si se presentan como desalmados, como irresponsables por su locura. Los guardianes y creadores de los campos de concentración, los inventores de las cámaras de gas, los muy comunistas constructores de los gulags, estaban y eran muy cuerdos:¡sabían muy bien lo que hacían!.
En estas desfiguraciones tuvieron mucho que ver quienes escribieron, no para narrarnos la realidad y sufrimiento observado, sino aquellos detalles que les exigía su imaginación. Qué más quisiera yo, como ser humano, que esas tragedias inconmensurables, las hubiese provocado un demonio, un falso dios, un demente, un irresponsable, en definitiva, un no-humano.
Lo tremendo es que estaban y eran tan cuerdos los que padecían como los verdugos. En estos temas no tiene cabida la sugestión, ni la mentira, ni la enfermedad mental. Todo el dolor era verdad, y verdadera era la humanidad de los criminales; tan evidente, que pusieron toda su inteligencia y sentimientos a hacer sufrir, a destruir, a disfrutar con el dolor de sus semejantes.¡Malditos!.
Imponer el bien es nefasto, pues trae consecuencias fatales, ¡pero algo habrá que hacer!. Tengo por seguro un camino que conduce a ese fín perseguido tan ansiosamente por la humanidad. Se observa desde la antigüedad y como una constante a lo largo de la historia. Ya sea con la elaboración de los primeros códigos, pasando por las reglas de oro de Confucio, Buda, el Jaina, Zaratustra, la Toráh, Jesús de Nazaret, Mahoma, Francisco de Asís, Kant, la Declaración de los Derechos del Hombre (1789), la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), Gandhi, Luther King, Sajarov ...
¡Algo habrá que hacer!..., y no se podrá decir que no se dedican esfuerzos a este milagro de lo humano. Pero el desacierto es patente. Desde lo que yo conozco y vivo, tengo la impresión, de que esto de los Derechos Humanos sale a la luz a golpes, de vez en cuando. Vamos, que no es una filosofía de la vida que haya entrado en la familia, en la escuela, en los sindicatos, en las iglesias, en los partidos políticos, en la empresa, en las fuerzas y cuerpos de seguridad, en las relaciones humanas...
El desbarajuste con respecto a la educación en valores es manifiesto, a mi juicio. No quisiera creerlo así, pero me veo obligado a pensar que de los Derechos Humanos se habla a menudo para quedar bien, y en consecuencia, los convertimos en una mentira, en palabras que se lleva el viento.
Existe una manera de recordar los Derechos Humanos que me parece aconsejable. Se trata de una lectura existencial, tratando de penetrar en la manera de ver el mundo expuesta en los treinta artículos de la Declaración Universal. Para finalizar la lectura basta con dejarse emocionar, con estremecerse ante los sucesos lejanos, pero, no sería suficiente si nos evitamos el examen personal: el analizarlos en nuestro entorno, en nuestra circunstancia.
MICROENSAYO: INMIGRANTES
INMIGRANTES EN TIERRA EXTRAÑA
(Publicado en el Canarias7 el domingo 15 de septiembre de 1996)
"¿Nos quitan el escaso trabajo que nos queda!" Así gritan, que no razonan, los que han nacido en este lado enriquecido del planeta, contra la presencia de los extranjeros ilegales. Es cierto que, desde el mismo momento en que los naturales de un lugar ven peligrar en un ápice su bienestar, comienzan a mirar con otros ojos a los inmigrantes; de peor manera si son pobres. Esta rivalidad es tan antigua como la humanidad misma. Contra todo parecer no es un mal incurable.
No hace falta emigrar desde muy lejos para ser forastero o extranjero, para ser un ´otro´, un bastardo, un asimilado. Basta con heredar esas diferencias, sólo perceptibles a los ojos inquisitivos de los ´guardianes de la pureza racial´, ya sea por el nacimiento, la lengua, la religión, la cultura o la piel. Son las marcas, los estigmas, de limpieza imposibles en la persona que los presenta.
La ´foraneidad´ es relativa para las sociedades de destino. Se hace más acusada, marginal o tolerada, en función de las divisas que se traigan. El extranjero con poder adquisitivo vive y pasea entre nosotros, lo hacemos uno de los nuestros aunque se resista. Al otro, pobre, sin divisas, lo vemos como un ladrón que ha entrado en nuestra heredad a robar y quitarnos algo que nos pertenece.
El odio al extranjero ya aparece en algunos textos bíblicos más antiguos; esta actitud se deduce preocupante en extremo, porque es el mismo dios Yahvé quien toma parte y ordena amar al extranjero. El motivo siempre me ha parecido sublime, inigualable, tal como se lee varias veces en el libro del Deuteronomio: acuérdate que tú, pueblo de Israel, fuiste extranjero en Egipto.
La violencia contra el extranjero es un recurso fácil, inserto en el subconsciente personal y colectivo. Ellos son los chivos expiatorios más a mano sobre los que cargar todos los males, todas las culpas, que atenazan a los naturales de una nación. Sobre los extranjeros recaen culpas de todo tipo, la falta de trabajo, la crisis de las culturas nacionales, la aparición de enfermedades desconocidas, la inseguridad ciudadana, las drogas ... ¡Qué males no se habrán cargado a las espaldas de los extranjeros!.
Hasta la hospitalidad reconocida de algunas naciones decae ante la actual presión o miedo a la invasión de inmigrantes de los países empobrecidos. En Suecia, Holanda, Francia y Alemania, lo mismo que en Estados Unidos, ya no se dan las mismas oportunidades para inmigrar. Mientras necesitaron mano de obra barata abrieron sus fronteras sin mayores limitaciones. En la actualidad, cuando se han visto invadidos con barrios de turcos, argelinos, hispanos, asiáticos o africanos, la cordialidad de la hospitalidad se ha tornado puñal de odio y rechazo.
Por los mismos motivos, no vale decir que Canarias ha sido y es tierra de emigrantes, tierra acogedora. De la noche a la mañana estas actitudes cambian como por arte de magia. Si no afianzamos la hospitalidad y la tolerancia día a día, se nos mueren como las plantas cuando se quedan sin agua. El racismo, la xenofobia, hijas de la violencia, son males humanos que crecen como las malas hierbas, a poco que no les demos importancia se apoderan de nuestra capacidad de crear humanidad. El remedio para nuestro caso es sencillo, contra la intolerancia, el racismo y la xenofobia, en contra de la violencia, mucha educación incluido el sentimiento, abundante autocrítica y ejercicio atrevido de la solidaridad. En la educación integral se levanta la base para luchar contra estos monstruos capaces de romper la convivencia pacífica en un mundo que es de todos.
Hace como una década vi con emoción una película maravillosa. Se titulaba ´La Marcha´. Venía a decir algo muy sencillo y evidente. Si no admitimos que vengan los pobres a nuestras calles, si no hacemos algo para que se puedan quedar en sus lugares de origen viviendo humanamente, vendrán por su cuenta y a la fuerza. O repartimos los bienes o los empobrecidos emprenderán una marcha imparable para llegar a nuestros países. ¿Se quedarían ustedes malviviendo a unos miles de kilómetros, mientras saben que en otra parte del mundo se vive despilfarrando?. Seguro que todos buscaríamos una patera con la que cruzar el mar que fuera, a costa de no llegar a la orilla soñada.
Falsos sueños los que se hacen de nuestro mundo los que pelean por entrar de mala manera, aun a costa de su vida o de ser devueltos a sus lugares de partida. Tiene que ser muy triste, frustrante, eso de soñar con un paraíso que luego es un infierno. Debe ser como un fuego que graba odio contra este mundo nuestro. Así me explico el poco aprecio que nos tiene a Occidente el mundo árabe, y supongo que también las mujeres cubanas que acaban prostituyéndose, las dominicanas y filipinas que sirven en las mansiones de nuestros ricos... Somos fábrica de odio. La mayoría de los habitantes de la tierra nos odia, a esta minoría vividora.
Eso sí, multiplicamos las ONG y quedan narcotizadas las conciencias. Ya les escribiré en otra ocasión sobre el ´informe Petras´. Ofrece datos que nos interesan.
Con total validez para hoy, podemos preguntarnos, ¿quién de nosotros no es extranjero?. Tener en la mente, más aún, grabada en la conciencia, nuestra ´extranjeridad´, puede evitarnos más de un problema por esa falsa seguridad en disponer de una propiedad de la tierra y el cielo, de la vida misma, del que no constan escrituras notariales en escondite mítico alguno.
(Publicado en el Canarias7 el domingo 15 de septiembre de 1996)
"¿Nos quitan el escaso trabajo que nos queda!" Así gritan, que no razonan, los que han nacido en este lado enriquecido del planeta, contra la presencia de los extranjeros ilegales. Es cierto que, desde el mismo momento en que los naturales de un lugar ven peligrar en un ápice su bienestar, comienzan a mirar con otros ojos a los inmigrantes; de peor manera si son pobres. Esta rivalidad es tan antigua como la humanidad misma. Contra todo parecer no es un mal incurable.
No hace falta emigrar desde muy lejos para ser forastero o extranjero, para ser un ´otro´, un bastardo, un asimilado. Basta con heredar esas diferencias, sólo perceptibles a los ojos inquisitivos de los ´guardianes de la pureza racial´, ya sea por el nacimiento, la lengua, la religión, la cultura o la piel. Son las marcas, los estigmas, de limpieza imposibles en la persona que los presenta.
La ´foraneidad´ es relativa para las sociedades de destino. Se hace más acusada, marginal o tolerada, en función de las divisas que se traigan. El extranjero con poder adquisitivo vive y pasea entre nosotros, lo hacemos uno de los nuestros aunque se resista. Al otro, pobre, sin divisas, lo vemos como un ladrón que ha entrado en nuestra heredad a robar y quitarnos algo que nos pertenece.
El odio al extranjero ya aparece en algunos textos bíblicos más antiguos; esta actitud se deduce preocupante en extremo, porque es el mismo dios Yahvé quien toma parte y ordena amar al extranjero. El motivo siempre me ha parecido sublime, inigualable, tal como se lee varias veces en el libro del Deuteronomio: acuérdate que tú, pueblo de Israel, fuiste extranjero en Egipto.
La violencia contra el extranjero es un recurso fácil, inserto en el subconsciente personal y colectivo. Ellos son los chivos expiatorios más a mano sobre los que cargar todos los males, todas las culpas, que atenazan a los naturales de una nación. Sobre los extranjeros recaen culpas de todo tipo, la falta de trabajo, la crisis de las culturas nacionales, la aparición de enfermedades desconocidas, la inseguridad ciudadana, las drogas ... ¡Qué males no se habrán cargado a las espaldas de los extranjeros!.
Hasta la hospitalidad reconocida de algunas naciones decae ante la actual presión o miedo a la invasión de inmigrantes de los países empobrecidos. En Suecia, Holanda, Francia y Alemania, lo mismo que en Estados Unidos, ya no se dan las mismas oportunidades para inmigrar. Mientras necesitaron mano de obra barata abrieron sus fronteras sin mayores limitaciones. En la actualidad, cuando se han visto invadidos con barrios de turcos, argelinos, hispanos, asiáticos o africanos, la cordialidad de la hospitalidad se ha tornado puñal de odio y rechazo.
Por los mismos motivos, no vale decir que Canarias ha sido y es tierra de emigrantes, tierra acogedora. De la noche a la mañana estas actitudes cambian como por arte de magia. Si no afianzamos la hospitalidad y la tolerancia día a día, se nos mueren como las plantas cuando se quedan sin agua. El racismo, la xenofobia, hijas de la violencia, son males humanos que crecen como las malas hierbas, a poco que no les demos importancia se apoderan de nuestra capacidad de crear humanidad. El remedio para nuestro caso es sencillo, contra la intolerancia, el racismo y la xenofobia, en contra de la violencia, mucha educación incluido el sentimiento, abundante autocrítica y ejercicio atrevido de la solidaridad. En la educación integral se levanta la base para luchar contra estos monstruos capaces de romper la convivencia pacífica en un mundo que es de todos.
Hace como una década vi con emoción una película maravillosa. Se titulaba ´La Marcha´. Venía a decir algo muy sencillo y evidente. Si no admitimos que vengan los pobres a nuestras calles, si no hacemos algo para que se puedan quedar en sus lugares de origen viviendo humanamente, vendrán por su cuenta y a la fuerza. O repartimos los bienes o los empobrecidos emprenderán una marcha imparable para llegar a nuestros países. ¿Se quedarían ustedes malviviendo a unos miles de kilómetros, mientras saben que en otra parte del mundo se vive despilfarrando?. Seguro que todos buscaríamos una patera con la que cruzar el mar que fuera, a costa de no llegar a la orilla soñada.
Falsos sueños los que se hacen de nuestro mundo los que pelean por entrar de mala manera, aun a costa de su vida o de ser devueltos a sus lugares de partida. Tiene que ser muy triste, frustrante, eso de soñar con un paraíso que luego es un infierno. Debe ser como un fuego que graba odio contra este mundo nuestro. Así me explico el poco aprecio que nos tiene a Occidente el mundo árabe, y supongo que también las mujeres cubanas que acaban prostituyéndose, las dominicanas y filipinas que sirven en las mansiones de nuestros ricos... Somos fábrica de odio. La mayoría de los habitantes de la tierra nos odia, a esta minoría vividora.
Eso sí, multiplicamos las ONG y quedan narcotizadas las conciencias. Ya les escribiré en otra ocasión sobre el ´informe Petras´. Ofrece datos que nos interesan.
Con total validez para hoy, podemos preguntarnos, ¿quién de nosotros no es extranjero?. Tener en la mente, más aún, grabada en la conciencia, nuestra ´extranjeridad´, puede evitarnos más de un problema por esa falsa seguridad en disponer de una propiedad de la tierra y el cielo, de la vida misma, del que no constan escrituras notariales en escondite mítico alguno.
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